LA INVASIÓN DE POLONIA DE 1939: EL INICIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

 El 1 de septiembre de 1939 Europa entró en una nueva era de guerra total. Ese día, las fuerzas armadas de la Alemania nazi, dirigidas por Adolf Hitler, cruzaron la frontera de Polonia iniciando una ofensiva militar que en pocas semanas destruiría al Estado polaco y provocaría la entrada de Francia y el Reino Unido en la guerra. Aquella campaña, aparentemente rápida y decisiva, no fue sin embargo un acontecimiento aislado, sino el resultado de años de tensiones políticas, expansionismo territorial y maniobras diplomáticas que habían erosionado el frágil orden internacional surgido tras la Primera Guerra Mundial.




El origen inmediato de la crisis se encontraba en las reivindicaciones territoriales alemanas sobre los territorios perdidos tras el Tratado de Versalles de 1919. Entre esas reclamaciones ocupaba un lugar central el llamado “corredor polaco”, una franja de territorio que otorgaba a Polonia salida al mar Báltico y separaba Prusia Oriental del resto de Alemania. También la ciudad libre de Danzig —de población mayoritariamente alemana pero bajo administración internacional— era objeto de presión por parte de Berlín. Desde mediados de la década de 1930, Hitler había iniciado una política agresiva de revisión del orden europeo: primero con la remilitarización de Renania en 1936, después con la anexión de Austria en 1938 y finalmente con la ocupación de los Sudetes y la desmembración de Checoslovaquia en 1938-1939. Estas acciones habían sido toleradas o incluso aceptadas por las potencias occidentales dentro de la política de apaciguamiento, que pretendía evitar otra guerra continental.

Polonia, sin embargo, representaba un caso distinto. A diferencia de Checoslovaquia, contaba con garantías de defensa otorgadas por Francia y el Reino Unido en la primavera de 1939. Aun así, Hitler estaba decidido a destruir el Estado polaco y expandir el espacio vital alemán hacia el este. El paso decisivo que permitió iniciar la invasión fue el acuerdo alcanzado con la Unión Soviética el 23 de agosto de 1939: el Pacto Germano-Soviético o Pacto Ribbentrop-Molotov. Aunque públicamente se trataba de un tratado de no agresión entre ambos países, incluía protocolos secretos que dividían Europa oriental en esferas de influencia. Polonia quedaba así destinada a ser repartida entre Alemania y la Unión Soviética.




La invasión comenzó en la madrugada del 1 de septiembre de 1939. Como pretexto propagandístico, el régimen nazi organizó una serie de incidentes fronterizos falsos, siendo el más famoso el ataque simulado a la emisora de radio de Gleiwitz, presentado como una agresión polaca. Inmediatamente después, más de un millón y medio de soldados alemanes penetraron en territorio polaco desde Prusia Oriental, Pomerania, Silesia y la recién anexionada Checoslovaquia. La ofensiva se basaba en la doctrina militar alemana conocida posteriormente como Blitzkrieg o “guerra relámpago”, que combinaba ataques coordinados de divisiones acorazadas, infantería motorizada y aviación para romper rápidamente las líneas defensivas enemigas y desorganizar su retaguardia.

La Luftwaffe atacó aeródromos, infraestructuras ferroviarias y ciudades desde el primer momento. Uno de los episodios más simbólicos fue el bombardeo de la ciudad de Wieluń el mismo día de la invasión, que causó numerosas víctimas civiles. Las fuerzas polacas, aunque numerosas y con una tradición militar considerable, estaban peor equipadas y carecían de suficiente armamento moderno. Gran parte de su ejército dependía aún de movilizaciones incompletas y de una estructura logística inferior a la alemana. Pese a ello, las tropas polacas ofrecieron resistencia en diversos frentes, destacando combates como la batalla de Bzura, el mayor contraataque polaco de toda la campaña.

El 3 de septiembre de 1939 Francia y el Reino Unido declararon la guerra a Alemania cumpliendo sus compromisos con Polonia. Sin embargo, la ayuda militar efectiva fue mínima durante las primeras semanas del conflicto, lo que permitió a Alemania concentrar la mayor parte de sus fuerzas en el frente polaco. Mientras las tropas alemanas avanzaban hacia Varsovia, el destino de Polonia quedó definitivamente sellado el 17 de septiembre, cuando la Unión Soviética invadió el país desde el este. Moscú justificó su intervención afirmando que el Estado polaco había dejado de existir y que era necesario proteger a las poblaciones ucranianas y bielorrusas del territorio oriental.




La entrada soviética supuso el colapso estratégico de cualquier posibilidad de resistencia organizada. Polonia se encontraba ahora atrapada entre dos potencias que actuaban en cumplimiento del acuerdo secreto firmado semanas antes. Las fuerzas polacas, que ya combatían desesperadamente contra los alemanes, no podían sostener una guerra en dos frentes. Varsovia, sometida a intensos bombardeos y combates urbanos, capituló el 27 de septiembre de 1939 tras semanas de resistencia. La última gran unidad militar polaca se rindió a comienzos de octubre.

Tras la campaña, el territorio polaco fue dividido entre Alemania y la Unión Soviética siguiendo las líneas acordadas en el pacto. Alemania anexó directamente las regiones occidentales y creó en el centro del país el llamado Gobierno General, una administración colonial dirigida por el régimen nazi. En la zona oriental, la Unión Soviética incorporó amplias áreas a las repúblicas soviéticas de Ucrania y Bielorrusia. Ambos ocupantes aplicaron políticas represivas destinadas a eliminar la élite política, militar e intelectual polaca. Miles de oficiales y funcionarios fueron ejecutados o deportados. Uno de los episodios más conocidos fue la masacre de Katyn en 1940, cuando el NKVD soviético ejecutó a miles de oficiales polacos prisioneros.

Para Alemania, la ocupación de Polonia también supuso el inicio de políticas raciales y de exterminio que más tarde se extenderían por toda Europa ocupada. El territorio polaco se convirtió en escenario de deportaciones masivas, trabajo forzado y, posteriormente, del establecimiento de campos de exterminio durante la guerra.

La invasión de Polonia marcó así el verdadero comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En apenas cinco semanas se destruyó un Estado europeo de tamaño considerable y se inauguró un conflicto que acabaría extendiéndose por todo el planeta. El reparto del país entre Alemania y la Unión Soviética evidenció además el carácter profundamente oportunista de la diplomacia internacional en aquel momento, así como la fragilidad del sistema de seguridad colectiva creado tras la Primera Guerra Mundial. Para el pueblo polaco, la campaña de 1939 significó el inicio de una ocupación brutal que duraría hasta 1945 y que tendría consecuencias devastadoras para su sociedad.


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EL ÚLTIMO ROMANO. 



JOSÉ ANTONIO OLMOS GRACIA.



Policía local de profesión, desarrolla su cometido en la categoría de oficial en el municipio de Utebo, contando con 17 de servicio y varias distinciones. A pesar de que su afán por la historia le viene desde pequeño, no fue hace mucho cuando se decidió a cursar estudios universitarios de Geografía e Historia en UNED y comenzar en el mundo de la divulgación a través de las redes sociales. Actualmente administra el blog elultimoromano.com así como páginas en Instagram y Facebook con el mismo nombre. Además, colabora con revistas, páginas, asociaciones, blogs, podcast y es miembro de Divulgadores de la Historia.



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Bibliografía:

Antony Beevor — La Segunda Guerra Mundial.

Richard Overy — The Origins of the Second World War.

Norman Davies — Europe at War 1939-1945.

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