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BASILIO II BULGARÓCTONO.





















Basilio II, emperador del Imperio Romano de Oriente durante los años 976 a 1025, perteneció a la dinastía de emperadores Macedónica y durante su mandato, el Imperio alcanzó uno de los mayores momentos de esplendor. Su apodo se debe a que consiguió conquistar por fin al Imperio Búlgaro que tantos quebraderos de cabeza había dado a los bizantinos, de hecho, Bulgaróctono significa literalmente ``asesino de búlgaros´´.
Basilio fue un excelente guerrero y como tal quiso demostrar sus habilidades una vez llegado al poder con diferentes campañas militares. Su primera intervención fue en la rebelión de los grandes terratenientes de Asia Menor, la cual reprimió con la ayuda de Vladimir I de Kiev que le envió 6000 soldados (serían el germen de la futura Guardia Varega), y se retiró de la base bizantina en Querson, todo a cambio de la mano de su hermana, Ana. Tras aplacar la rebelión, Basilio reformó el sistema fiscal, confiscando las grandes propiedades a favor de los campesinos, evitando así la acumulación de poder en pocas manos.
Contra los árabes lanzó una campaña para asegurar Antioquía y Alepo, y al mando de unos 40.000 hombres conquistó todas las ciudades desde Emesa a Trípoli, y aunque no pudo penetrar en Palestina, recuperó gran parte de Siria.
Su siguiente campaña fue la que le dio la fama y el apodo. Tras la invasión búlgara de Tesalia en el 985, Basilio decidió pasar a la ofensiva y acabar de una vez por todas con el problema que suponían estos. Con un ejército de unos 30.000 soldados llego a las puertas de Sredets (Sofía) pero no pudo penetrar las murallas y tuvo que retirarse falto de víveres. En la retirada fue atacado por los búlgaros que le infringieron una dura derrota en la batalla de las Puertas de Trajano. En el 1002, los búlgaros se extendían desde el Danubio hasta Grecia, pero Basilio pasó a la ofensiva total y durante 12 años emprendió una campaña de recuperación de territorios que se saldaron con victorias y derrotas mientras los búlgaros retrocedían rehusando un enfrentamiento frontal, hasta que en el 1014, tras tomar la fortaleza de Bada Vida en el Danubio, los bizantinos cercaron al ejercito en Kleidion, aplastándolos y cegando a 99 de cada 100 prisioneros, dejando tuertos a los restantes para que pudieran guiar a los demás en el camino de vuelta. Samuel murió días después horrorizado ante tal masacre, y aunque los búlgaros lucharon durante 4 años más, terminaron siendo conquistados definitivamente. A estas conquistas se le unió la anexión de Serbia, que supuso volver a instaurar las fronteras en el Danubio 400 años después. También se alió con el Principado de Kiev y juntos conquistaron la península de Crimea a los Jázaros.







Por último, emprendió otra campaña de anexión en Armenia, que era un antiguo estado vasallo, recupero posesiones en la Italia meridional a Lombardos y Musulmanes y derroto a una flota rusa en la batalla de Lemos.
Sus conquistas y vida no tienen nada que envidiar a los grandes emperadores romanos. Fue un emperador muy querido no solo por sus tropas, también por los campesinos debido a las reformas fiscales de recuperación de la pequeña propiedad. Llevó una auténtica vida castrense: Nunca se caso, dedicando todo su tiempo y esfuerzo a la administración del Imperio, comía con sus propios soldados a los que dirigía en el campo de batalla y no desde la capital, se hizo cargo de huérfanos de las guerras e incluso pidió ser enterrado junto al campo de entrenamiento de su caballería para poder escuchar a sus tropas prepararse para luchar por el Imperio. Además de todo eso, fue un excelente administrador que dejó las arcas imperiales llenas, pero sus sucesores, que fueron menos que mediocres, no solo no supieron afianzar sus conquistas, sino que perdieron gran parte de ellas devolviendo a Bizancio a un segundo plano de las potencias del momento.





José Antonio Olmos Gracia. 







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