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LOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS ANTES DE AMÉRICA.






Las Islas Atlánticas

Nos encontramos en la baja edad media, los nuevos avances técnicos y la apertura del estrecho de Gibraltar con la conquista del sur de la península y Ceuta permiten la exploración de nuevas vías de comercio en el Atlántico, que posteriormente se convertirán en empresas de exploración, conquista y colonización de nuevas tierras. A pesar del temprano descubrimiento de las Islas Canarias en 1312 por el navegante genovés Lancelloto Malocelo y las posteriores visitas por navegantes hispanos y franceses, no fue hasta 1402 cuando se propuso la conquista y colonización de las mismas. Ese mismo año, el normando Juan de Bethencourt que aportó los hombres y Gadifer de la Salle que proporcionó la embarcación, pusieron en marcha una expedición que acabo con el desembarco y conquista de la isla de Lanzarote, donde se construyo un fuerte y se tomo posesión de la isla sin encontrar resistencia por la población guanche autóctona. La expedición se puso bajo la protección del reino de Castilla, que proporcionaría recursos para la misma, con lo que la corona iniciaba así la soberanía sobre el archipiélago. A esta expedición le siguieron sucesivas en 1403, conquistando Fuerteventura, 1406 el Hierro, y 1454 Gran Canaria y Tenerife, que no caerían hasta la llegada de los Reyes Católicos debido a que aquí sí encontraron una fuerte resistencia local. Entre 1418 y 1419 se descubrió por parte de marinos portugueses Madeira y Las Azores, que fueron rápidamente colonizadas debido a la falta de población autóctona que se opusiera a la misma, aprovechando esto para establecer allí población procedente de los mercados de esclavos de África para el recién implantado cultivo de caña de azúcar.

 



      Las rutas portuguesas


Tras la llegada de la casa Avís al trono portugués en 1383 y la victoria sobre Castilla en Aljubarrota en 1885, el sentimiento nacionalista afloró en el reino atlántico, dando un nuevo impulso a los intereses comerciales y de expansión. Sus comerciantes frecuentaban puertos marroquíes donde cargan cereales para vender en Portugal, conociendo así la debilidad del reino meriní en el norte del país, lo que aprovecharían para lanzar una expedición de conquista. Castilla, que ya había llegado al estrecho en la península, todavía no se planteaba su paso al continente africano, pues todavía quedaba territorio por conquistar en Granada. Para asegurar la empresa, Portugal firmó un tratado de paz con Castilla en 1411, conminó al Papa para que elevase la expedición al rango de cruzada, lo que consiguió en 1413 y ya en 1415 el rey Joao consiguió reunir a un ejército de unos 45.000 hombres al mando del príncipe Enrique que a la postre sería conocido como Enrique el Navegante y unos 200 navíos para su transporte.

El día 21 del mismo mes, los ceutíes, a pesar de ser conocedores del ataque, relajan sus defensas enviando las tropas de guarnición fuera de la ciudad ya que en los días anteriores un fuerte huracán azotó la costa y las noticias de un desastre total de la armada lusa calaron en los mandatarios municipales. Tras un desembarco inicial, un pequeño grupo de unos 300 portugueses hacen huir la primera resistencia y toman una de las puertas de la ciudad. El éxito inicial anima al desembarco del resto de fuerzas que entrar a tropel en la ciudad, siendo conquistada en ese mismo día con muy pocas bajas.

La urbe, aunque no dio los beneficios esperados, se mantuvo en manos portuguesas hasta 1640, ya que a la muerte de Felipe IV, Portugal y España vuelven a separarse, pero los ceutíes elegirían entregar su fidelidad al reino español y en 1668 así se reconoce en el Tratado de Lisboa.

La toma de la plaza fue el inicio de una serie de expediciones por África que llevarían a doblar el cabo de Nueva Esperanza en 1488 buscando una ruta marítima hacia la India. Todo el plan de descubrimientos y expediciones estuvo patrocinado por la corona portuguesa, con la figura del ya mencionado Enrique el Navegante, que fundó en Sarges una escuela de cartografía y estudios de náutica que fue el punto de partida de toda actividad expeditiva hasta 1460, donde se cambia al puerto de Lagos.

Portugal intento ampliar sus dominios en el norte de Marruecos, pero el fracaso en el asedio a Tánger, hizo que estos se interesaran únicamente en la conquista de plazas costeras que aseguraran su navegación y sirvieran de apoyo a sus naves en su intento de llegar hasta las fuentes de oro y esclavos de África, lo que se logro en 1441 tras haber franqueado el cabo Bojador y el cabo Blanco, desde donde se trajo al primer grupo de esclavos negros y donde se construyó en 1448 el fuerte Arguim, que protegería el comercio y los barcos portugueses. En 1444 se llega a la desembocadura del río Senegal y ese mismo año vuelve a llegar otro grupo de esclavos al puerto de Lagos, esta vez de 230. Desde la muerte de Enrique se hacían dos o tres expediciones anuales, construyendo una importante fuente de ingresos y un remedio para la escasa mano de obra necesaria para las plantaciones de azúcar de las islas atlánticas, a as que se le sumo en 1450 Cabo Verde, convirtiéndose así en el primer país europeo que practico el tráfico de esclavos negros al que pronto se añadiría España y el resto de potencias a medida de la necesidad de estos en América.


                                                                         Carabela

El incipiente comercio portugués y sus buenos beneficios económicos, hicieron que el resto de potencias pusieran sus ojos en el hasta entonces monopolio portugués, por lo que se tuvo que solicitar al Papa el derecho exclusivo sobre este comercio, y en 1455, el Papa Nicolás V emitió la bula Romanus Pontifex, en la que se otorgaba el monopolio exclusivo a Portugal en cuanto expediciones y comercio africano. Esta sería una de las razones por la que Cristóbal Colon buscaría una nueva ruta a las Indias navegando hacia el oeste. Entre 1460 y 1475 se inspeccionan más de 2000 kilómetros de costa en Ghana, costa de Marfil, Costa de Oro Nigeria y Guinea, descubriendo la isla de Santo Tome, Annobón, Príncipe, Fernando Poo y Gabón, llegando a rebasar el ecuador. El salto cualitativo y cuantitativo del comercio, hizo que la corona trasladara el centro de la compañía Trauto de Arguim de Lagos a Lisboa, que supuso el despegue económico de esta. En 1482 se funda en Ghana la fortaleza-factoría de La Mina que sería el centro de comercio en África junto con la de Arguim.

Todas estas conquistas fueron reconocidas por la vecina Castilla en el Tratado de Alcacobas en 1479 y ratificado en Toledo en 1480. Es este tratado se reconoce las islas Canarias como posesión castellana así como la prohibición de navegar al sur del cabo Bojador. A Portugal se le reconoce su dominio sobre las Azores, Madeira y todo descubrimiento al sur del mencionado cabo. En 1481 el papa Sixto IV sancionó los acuerdos mediante la bula Aeterni Regis, confirmando la anterior de 1455 de Nicolás V. Con todos los conocimientos adquiridos tras estos años de navegación, Bartolomé Díaz partió de Lisboa a finales de Julio del 1487 con tres carabelas de 50 toneladas rumbo a la India. En Enero de 1488 alejándose de la costa, logro atravesar sin darse cuenta el sur de África por el Cabo de las Tormentas, que sería rebautizado a su vuelta como Cabo de Buena Esperanza. El mismo año de la partida de Bartolomé Díaz, el monarca portugués envió por el Mediterráneo, el Cairo y el Mar Rojo a Alfonso de Pavía y Pedro Covilha a fin de obtener información sobre las rutas a la India y Adén de navegantes árabes. Covilha consiguió llegar a la India mientras que su compañero se desvió al sur y falleció en el trayecto. Después de alcanzar la India, Covilha se dirigió al sur y descubrió Mozambique, donde había un importante comercio de oro y esclavos hacia la India. En 1493 el papa Alejandro VI tuvo que volver a sancionar con la bula Inter Caetera una nueva partición, en la que se trazo una línea entre los polos a cien leguas al oeste de las Azores, adjudicando a España todas las tierras al oriente. Una posterior reclamación de los portugueses, hizo que al año siguiente se firmara el famoso Tratado de Tordesillas, en el que se llevó la línea 370 leguas al oeste de las islas, con lo que Brasil quedaría dentro del área portuguesa. A partir de entonces, los portugueses comenzaron a instalar en las costas africanas sus padres o mojones en los que se inscribía información sobre el año de descubrimiento, rey de turno y nombre del descubridor a modo de prueba de posesión de las tierras.

El descubrimiento de América por Cristóbal Colon, apremio a los portugueses en su afán por monopolizar sus rutas marítimas, así que en 1487 4 navíos y 150 hombres al mando de Vasco da Gama iniciaron una expedición para llegar a la India bordeando todo el continente africano gracias a la información obtenida por Covilha. A la altura de Sierra Leona, y con las técnicas de navegación atlántica que habían obtenido a través de sus continuas expediciones, que llevaron a familiarizarse a estos con los diferentes vientos dominantes, se alejo de la costa hacia el oeste, realizando una enorme volta que los llevo hasta las costas de Brasil, para posteriormente enlazar con los vientos favorables que les volvieron a empujar hasta el Cabo de Buena Esperanza y poder así rebasarlo. Esta volta fue una técnica que aprendieron los portugueses consistente en realizar enormes 8 aprovechando los anticiclones marítimos y los vientos alíseos que circulan en sentido de las agujas del reloj en el hemisferio norte y al contrario en el sur. Con esto, el 20 de Mayo de 1498 Vasco da Gama arriba a Calicut tras perder 2 navíos y 60 hombres, consiguiendo por primera vez comunicar por vía marítima Europa con el continente asiático.



                                                                Ruta de Vasco da Gama.




José Antonio Olmos Gracia.




Fuentes:

Historia Medieval, Julián Donado Vara, Ana Echevarría Arsuaga, Carlos Barquero Goñi.

La conquista del Atlántico, navegación, colonizaciones y comercio en los siglos VI al XV. Rafael Sánchez Saus


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