EL REINO NAZARÍ DE GRANADA: EL ÚLTIMO REFUGIO DE AL-ÁNDALUS.

 El Reino Nazarí de Granada surgió en 1238 como el último resplandor del islam peninsular, cuando Muhammad I ibn Nasr, también conocido como Ibn al-Ahmar, proclamó su soberanía sobre las tierras del sureste de al-Ándalus. La disolución del poder almohade y la progresiva conquista cristiana habían reducido el territorio musulmán a una franja entre las montañas béticas y el Mediterráneo. Sin embargo, el nuevo sultanato no nació como un reino débil ni resignado, sino como un centro político vigoroso, sostenido por una hábil diplomacia, una economía dinámica y una cultura brillante.




Muhammad I estableció la capital en Granada, un enclave estratégico protegido por la Sierra Nevada y con salida al mar a través de Málaga y Almería. Su política exterior fue pragmática: reconoció la soberanía castellana a cambio de protección y firmó con Fernando III un pacto de vasallaje mediante el pago de parias. Este gesto, más que una rendición, fue una maniobra de supervivencia que garantizó la continuidad del poder nazarí. En paralelo, Muhammad I emprendió la construcción de la Alhambra, una fortaleza palatina destinada a ser el símbolo eterno de su linaje y la expresión más sublime del arte andalusí tardío.

El reino alcanzó su apogeo bajo Yusuf I de Granada y su sucesor Muhammad V de Granada durante el siglo XIV. En ese tiempo, Granada fue un foco de esplendor literario, científico y arquitectónico comparable al Bagdad de los abasíes o al Damasco omeya. Poetas como Ibn al-Jatib y eruditos de todo el mundo islámico acudían a su corte. Las fuentes, los jardines y los palacios de la Alhambra eran el reflejo de una civilización que, aun cercada, brillaba con una luz propia.

La economía nazarí se sustentó en un sistema agrícola avanzado, heredero directo de las innovaciones andalusíes en hidráulica y cultivo. Las vegas de Granada, regadas por complejas acequias, producían seda, caña de azúcar, frutas y hortalizas que se exportaban a Europa. Su red comercial se extendía por el Mediterráneo, y su relación con el Imperio benimerín del Magreb permitía un flujo constante de productos, hombres y saberes.

Sin embargo, la estabilidad política del reino era más aparente que real. Las intrigas cortesanas, las luchas dinásticas y los levantamientos internos minaron poco a poco su resistencia. El equilibrio con Castilla dependía de un delicado juego diplomático que se rompió con la unión dinástica de los Reyes Católicos. Isabel y Fernando comprendieron que la conquista de Granada supondría la culminación simbólica de la Reconquista y unificaría políticamente la Península bajo la fe cristiana.




La ofensiva final comenzó en 1482. Durante diez años, los ejércitos cristianos fueron conquistando una a una las plazas nazaríes: Ronda, Loja, Málaga, Guadix, Baza. En el interior del reino, las disputas entre Boabdil, su padre Muley Hacén y su tío El Zagal precipitaron la descomposición política. En enero de 1492, agotado y sin apoyos, Boabdil entregó las llaves de la ciudad a Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en el célebre acto de la Capitulación de Granada.

El tratado garantizaba en principio la libertad religiosa y la protección de los musulmanes, pero pronto las promesas se desvanecieron. Las conversiones forzosas, la represión cultural y las deportaciones marcaron el destino de los mudéjares y moriscos. La caída de Granada no fue solo el fin de un reino, sino la desaparición definitiva del mundo andalusí, con su lengua, su arte y su visión del universo.

El Reino Nazarí de Granada dejó, no obstante, una huella indeleble. La Alhambra, los poemas de sus muros y la memoria de sus reyes son testimonio de una civilización que, incluso en su ocaso, mantuvo el esplendor de siglos de convivencia entre Oriente y Occidente. En sus patios aún resuena el eco de aquel último suspiro de Boabdil, símbolo melancólico de la pérdida y del fin de una era.


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JOSÉ ANTONIO OLMOS GRACIA.



Policía local de profesión, desarrolla su cometido en la categoría de oficial en el municipio de Utebo, contando con 17 de servicio y varias distinciones. A pesar de que su afán por la historia le viene desde pequeño, no fue hace mucho cuando se decidió a cursar estudios universitarios de Geografía e Historia en UNED y comenzar en el mundo de la divulgación a través de las redes sociales. Actualmente administra el blog elultimoromano.com así como páginas en Instagram y Facebook con el mismo nombre. Además, colabora con revistas, páginas, asociaciones, blogs, podcast y es miembro de Divulgadores de la Historia.



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Bibliografía:


Ladero Quesada, M. A. Granada: historia de un reino nazarí.

García Gómez, E. Poemas árabes en los muros y fuentes de la Alhambra.

O’Callaghan, J. F. A History of Medieval Spain.

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