EL TRATADO DE TRIANON: LA DESMEMBRACIÓN DE HUNGRÍA TRAS LA GRAN GUERRA.

 El Tratado de Trianon, firmado el 4 de junio de 1920 en el Gran Trianon del Palacio de Versalles, fue uno de los acuerdos más duros y trascendentales de la posguerra. Puso fin oficialmente al estado de guerra entre las potencias aliadas y Hungría, que formaba parte del desaparecido Imperio Austrohúngaro, y selló su destino como un país profundamente mutilado. El tratado no solo redefinió las fronteras húngaras, sino que reconfiguró la geopolítica de Europa Central durante todo el siglo XX.




Tras la Primera Guerra Mundial, el colapso del Imperio Austrohúngaro había dejado un mosaico de pueblos, lenguas y nacionalidades con aspiraciones propias. La derrota en 1918 y la abdicación del emperador Carlos I de Austria pusieron fin a la monarquía dual establecida en 1867. En un contexto de caos interno, con revoluciones y breves gobiernos comunistas, Hungría quedó aislada y vulnerable ante las potencias vencedoras, especialmente Francia, que apoyaba el surgimiento de nuevos estados nacionales en el centro y este de Europa.

La geopolítica del momento se centraba en debilitar a los antiguos imperios y crear una red de pequeños estados “amortiguadores” entre Alemania y Rusia. Así, el principio de autodeterminación de los pueblos, impulsado por el presidente estadounidense Woodrow Wilson, se aplicó de forma desigual, favoreciendo a las naciones emergentes en detrimento de las que habían formado parte de los imperios derrotados. Hungría, sin capacidad de negociación y bajo ocupación militar extranjera, fue forzada a aceptar condiciones extremadamente severas.

El texto del tratado establecía que Hungría debía separarse definitivamente de Austria, dando fin a cualquier unión política o económica entre ambas. El país perdió aproximadamente el 72 % de su territorio y dos tercios de su población, una de las amputaciones territoriales más grandes de la historia moderna europea. Las nuevas fronteras dejaron a más de tres millones de húngaros fuera de su patria, bajo el dominio de otros estados vecinos.

Las principales pérdidas territoriales fueron las siguientes:

  • Transilvania y parte del Banato pasaron a Rumanía, aumentando considerablemente su extensión y población.

  • Eslovaquia y Rutenia subcarpática se incorporaron a la recién creada Checoslovaquia.

  • Croacia, Eslavonia, Dalmacia y Voivodina se unieron al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, el futuro Reino de Yugoslavia.

  • Burgenland, al oeste, fue cedida a Austria, aunque la ciudad de Sopron logró permanecer en Hungría tras un plebiscito.

Además de las pérdidas territoriales, Hungría quedó sometida a limitaciones militares estrictas: su ejército fue reducido a 35.000 hombres, sin artillería pesada ni aviación. Se impuso también el pago de reparaciones de guerra, y se obligó al país a reconocer las nuevas fronteras sin derecho a apelación. Estas disposiciones, percibidas como humillantes, generaron un sentimiento de injusticia y resentimiento que dominaría la política húngara durante décadas.


Las consecuencias internas fueron devastadoras. El país, que había sido uno de los centros económicos y culturales del Imperio Austrohúngaro, quedó sin acceso al mar y sin muchos de sus recursos naturales. Las nuevas fronteras fragmentaron las redes comerciales tradicionales, afectando gravemente a la agricultura y la industria. Millones de húngaros quedaron dispersos fuera de su territorio nacional, generando tensiones étnicas y minoritarias que perdurarían todo el siglo XX.

El impacto psicológico fue igualmente profundo. Para los húngaros, Trianon no fue solo un tratado, sino una tragedia nacional, un símbolo de despojo y humillación comparable en intensidad al sentimiento alemán frente a Versalles. Durante los años de entreguerras, el gobierno de Miklós Horthy hizo del revisionismo territorial una prioridad política, alentando la esperanza de recuperar las “tierras perdidas”. Este deseo se vería parcialmente realizado durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el Eje permitió a Hungría recuperar temporalmente algunas regiones, aunque solo hasta la derrota final de 1945.




A nivel internacional, el Tratado de Trianon contribuyó a la inestabilidad de Europa Central. Las nuevas fronteras, dibujadas más por intereses políticos que por criterios étnicos, sembraron tensiones que sobrevivieron a lo largo del siglo. Incluso tras el colapso del bloque soviético en 1989, la memoria de Trianon siguió siendo un tema delicado en la política y la identidad húngaras, evocando la idea de una nación partida.

Hoy, más de un siglo después, el Tratado de Trianon continúa siendo uno de los episodios más dolorosos de la historia de Hungría. En el país, el 4 de junio se conmemora como Día de la Unidad Nacional, un recordatorio de las fronteras perdidas y de la resiliencia de un pueblo que, pese a las mutilaciones sufridas, logró preservar su identidad cultural y política en medio de la adversidad.


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JOSÉ ANTONIO OLMOS GRACIA.



Policía local de profesión, desarrolla su cometido en la categoría de oficial en el municipio de Utebo, contando con 17 de servicio y varias distinciones. A pesar de que su afán por la historia le viene desde pequeño, no fue hace mucho cuando se decidió a cursar estudios universitarios de Geografía e Historia en UNED y comenzar en el mundo de la divulgación a través de las redes sociales. Actualmente administra el blog elultimoromano.com así como páginas en Instagram y Facebook con el mismo nombre. Además, colabora con revistas, páginas, asociaciones, blogs, podcast y es miembro de Divulgadores de la Historia.



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Bibliografía:

Hipólito de la TORRE (coord.), Alicia ALTED, Rosa PARDO, Ángel HERRERÍN, Juan Carlos JIMÉNEZ y Alejandro VALDIVIESO: Historia Contemporánea II (1914‑1989), Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid, 2019. 

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