EL CHOROBATES.
Entre las maravillas técnicas que legó Roma, pocas representan mejor su ingenio que el chorobates. Este instrumento, concebido para medir con exactitud la horizontalidad y la pendiente del terreno, permitió construir los grandes acueductos y canales que llevaron el agua a las ciudades del Imperio. Su simplicidad aparente ocultaba una sofisticación técnica que asombraría incluso a los ingenieros modernos.
El chorobates consistía en una estructura de madera de unos seis metros de longitud, apoyada sobre cinco patas o soportes robustos. En su parte superior se colocaba una regla o tablón perfectamente recto con una ranura longitudinal que se llenaba de agua. El principio era simple pero genial: el nivel del agua indicaba de inmediato cualquier inclinación. Si el líquido permanecía uniforme, el instrumento estaba nivelado; si no, era necesario ajustar las patas hasta alcanzar la horizontalidad perfecta. Vitruvio, en su tratado De Architectura, describió con precisión este mecanismo y explicó además que, cuando el viento o el terreno impedían el uso del agua, se recurría a plomadas colgantes en los extremos del tablón, cuya caída se comparaba con líneas verticales grabadas en las patas. De ese modo, el chorobates podía emplearse tanto mediante el principio del equilibrio del agua como por referencia a la gravedad.
Su utilidad fue decisiva en la ingeniería romana. En la construcción de acueductos, donde era imprescindible mantener una pendiente constante y mínima, incluso un error de centímetros podía comprometer todo el sistema hidráulico. Gracias a este instrumento, los ingenieros lograron pendientes de apenas milímetros por metro, como las que se observan en obras colosales como el Aqua Claudia en Roma o el Pont du Gard en la Galia. También fue empleado para nivelar terrenos agrícolas, excavar canales de riego y planificar cimientos de edificios públicos o templos, donde la precisión era sinónimo de durabilidad.
El chorobates es una muestra del pensamiento racional y metódico de la ingeniería romana. Su principio de funcionamiento, basado en la observación empírica del comportamiento del agua, anticipa el nivel de burbuja moderno y los instrumentos topográficos posteriores. Más allá de su función técnica, simboliza la confianza romana en la proporción, la medida y el orden, pilares de una civilización que elevó la utilidad práctica al rango de arte. Así, cada acueducto, cada arco y cada columna que aún resisten el paso del tiempo son testimonio de una mentalidad que supo unir ciencia y belleza en una misma obra.
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Policía local de profesión, desarrolla su cometido en la categoría de oficial en el municipio de Utebo, contando con 17 de servicio y varias distinciones. A pesar de que su afán por la historia le viene desde pequeño, no fue hace mucho cuando se decidió a cursar estudios universitarios de Geografía e Historia en UNED y comenzar en el mundo de la divulgación a través de las redes sociales. Actualmente administra el blog elultimoromano.com así como páginas en Instagram y Facebook con el mismo nombre. Además, colabora con revistas, páginas, asociaciones, blogs, podcast y es miembro de Divulgadores de la Historia.
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Bibliografía:
Vitruvio De Architectura
Hodge, A. Trevor Roman Aqueducts & Water Supply
Oleson, John P. Greek and Roman Mechanical Water-Lifting Devices
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