LOS ÍBEROS.

 

La historia de la península ibérica hunde sus raíces mucho antes de la llegada de Roma y de los cartagineses. Entre montañas, valles y costas del Mediterráneo floreció, durante varios siglos, una de las culturas más misteriosas y fascinantes de la Antigüedad: los íberos. Con este nombre los autores griegos designaron a un conjunto de pueblos que no formaban un Estado unificado, pero que compartían lengua, costumbres, creencias y una brillante cultura material. Su desarrollo se remonta al siglo VI a.C., aunque sus bases proceden de tradiciones anteriores de la Edad del Bronce. Su final como cultura independiente llegó con la plena romanización de Hispania en el siglo I a.C., cuando Roma impuso sus instituciones y su lengua.

Los íberos ocuparon principalmente la franja mediterránea de la península, desde el sur de Francia hasta Andalucía, extendiéndose hacia el interior por el valle del Ebro y algunas zonas de la meseta sur. Aunque desaparecieron como entidad cultural diferenciada, dejaron tras de sí un legado que sigue siendo objeto de investigación, admiración y misterio.




ORÍGENES Y TERRITORIO DE LOS ÍBEROS

Se cree que término “íberos” fue acuñado por los griegos en referencia al río Íber (Ebro), que cruzaba parte del territorio donde habitaban estas comunidades. Sus orígenes han generado un intenso debate entre historiadores y arqueólogos. Algunos sostienen que fueron el resultado de la evolución de poblaciones locales de la Edad del Bronce que se transformaron con el tiempo en una cultura propia, mientras que otros defienden la influencia decisiva de las corrientes orientales, procedentes de fenicios y griegos, que desde el siglo VIII a.C. fundaron colonias en la costa.

Sea como fuere, hacia el siglo VI a.C. los íberos ya se habían consolidado como una civilización original, con centros urbanos fortificados, una aristocracia guerrera y unas manifestaciones artísticas propias. Entre los pueblos íberos más destacados encontramos a los contestanos, edetanos, ilergetes, turdetanos, oretanos y bastetanos, cada uno con su territorio y organización interna. Aunque nunca existió una unidad política, compartían una base cultural común que los diferenciaba claramente de otros pueblos peninsulares, como los celtas del noroeste o los lusitanos.

SOCIEDAD Y ECONOMÍA

La sociedad íbera estaba fuertemente jerarquizada y dominada por una aristocracia guerrera que concentraba el poder político y económico. Estos jefes y príncipes locales no solo dirigían a sus gentes en la guerra, sino que también controlaban las tierras fértiles, los intercambios comerciales y los centros urbanos. Junto a ellos se situaban los sacerdotes, encargados de los rituales religiosos, y una clase de guerreros profesionales que acompañaba a los nobles en el campo de batalla.

En un nivel inferior se encontraba la mayoría de la población, compuesta por campesinos, pastores y artesanos. La economía íbera tenía como base la agricultura, con cultivos de cereales, olivo y vid, así como la cría de ganado. El contacto con fenicios, griegos y cartagineses impulsó un activo comercio en el que los íberos exportaban metales como hierro, plata y plomo, a cambio de productos manufacturados de lujo, vino y aceite.

La arqueología ha demostrado la gran habilidad de los íberos en la cerámica pintada, la metalurgia y la orfebrería. En muchos yacimientos se han hallado piezas de enorme calidad, lo que refleja no solo una economía próspera, sino también una sociedad que valoraba el arte como forma de prestigio y expresión cultural.

LA GUERRA Y LOS GUERREROS ÍBEROS

Los íberos fueron célebres en la Antigüedad por su ferocidad en la batalla. Su armamento es uno de los elementos que mejor los define: la falcata, una espada curva de gran poder de corte, se convirtió en el arma más característica de sus guerreros. También empleaban lanzas, hondas y escudos redondos llamados caetra, ligeros y fáciles de manejar. La caballería ligera íbera fue igualmente reconocida, hasta el punto de que romanos y cartagineses emplearon a los jinetes hispanos como tropas auxiliares y mercenarias.




Su fama como combatientes se consolidó durante las Guerras Púnicas (siglo III a.C.), cuando Roma y Cartago lucharon por el dominio de la península ibérica. Divididos por sus propias rivalidades internas, algunos pueblos íberos se aliaron con Cartago, mientras otros apoyaron a Roma. Esta división facilitó la posterior conquista romana, pues Roma, tras derrotar a los cartagineses, inició una lenta pero implacable campaña de sometimiento que se prolongaría durante más de un siglo.




RELIGIÓN Y CREENCIAS

La religión íbera estaba estrechamente vinculada con la naturaleza, la fertilidad y el culto a los antepasados. Sus ritos funerarios eran elaborados: practicaban la cremación, depositaban las cenizas en urnas y acompañaban al difunto con ajuares que incluían armas, joyas y cerámicas. Esto demuestra la creencia en una vida de ultratumba donde los muertos continuarían necesitando sus pertenencias.

Las esculturas monumentales son una de las expresiones más enigmáticas de su espiritualidad. La Dama de Elche (siglo V-IV a.C.), con su elaborado tocado y rostro sereno, se ha interpretado como representación de una diosa madre o de una sacerdotisa. La Bicha de Balazote (siglo VI a.C.), con cuerpo de toro y cabeza humana, está relacionada con cultos de fertilidad y protección. Estas obras muestran la fusión de tradiciones indígenas con influencias orientales y mediterráneas, lo que convierte a la religión íbera en un mosaico complejo y todavía lleno de incógnitas.

LA ESCRITURA ÍBERA

Uno de los mayores misterios de los íberos es su lengua y escritura. Los pueblos íberos desarrollaron un sistema gráfico propio, a medio camino entre el alfabeto y la escritura silábica, probablemente inspirado en modelos fenicios. A pesar de que hoy se puede leer fonéticamente, el idioma íbero no ha sido descifrado en su totalidad, ya que no contamos con textos bilingües que permitan una traducción definitiva.

Esto convierte a los íberos en un pueblo enigmático, cuya voz sigue sin escucharse con claridad. Conocemos sus armas, sus ciudades, sus ritos y su arte, pero no sus pensamientos escritos ni su manera de concebir el mundo, lo que añade un aura de misterio a su legado.

LA CONQUISTA Y ROMANIZACIÓN DE LOS ÍBEROS

El contacto con Roma comenzó en el 218 a.C., cuando el ejército romano desembarcó en Ampurias durante la Segunda Guerra Púnica. Desde ese momento, la península se convirtió en escenario de un prolongado enfrentamiento. Los íberos ofrecieron una resistencia feroz, pero las divisiones internas entre sus pueblos y la superioridad organizativa romana acabaron decidiendo el desenlace.

Durante los siglos II y I a.C., Roma fue sometiendo gradualmente a los íberos mediante campañas militares, alianzas políticas y fundaciones de colonias. El proceso culminó en el siglo I a.C., cuando Hispania quedó plenamente integrada en el sistema romano. Las antiguas ciudades íberas se transformaron en municipios romanizados, las élites adoptaron la cultura latina y poco a poco desapareció la identidad íbera como tal. Sin embargo, sus aportaciones no se borraron: su valentía, su arte y su lengua quedaron integrados en el crisol cultural que dio forma a Hispania.

EL LEGADO DE LOS ÍBERos

Aunque la romanización borró gran parte de su identidad como pueblo independiente, los íberos dejaron un legado perdurable en la historia peninsular. Sus esculturas, sus murallas, sus armas y su escritura aún no descifrada siguen despertando fascinación entre arqueólogos e historiadores. La imagen de la Dama de Elche, la fuerza de la falcata y los restos de sus oppida fortificados nos hablan de un pueblo orgulloso, guerrero y creativo.

Los íberos fueron los primeros protagonistas de la historia escrita de la península ibérica. Entre los siglos VI a.C. y I a.C. desarrollaron una civilización que, pese a su final a manos de Roma, dejó huellas indelebles en la identidad hispana. En ellos encontramos los cimientos de una tradición cultural que no desapareció, sino que se fusionó con lo romano y lo mediterráneo para construir lo que más tarde sería Hispania.


JOSÉ ANTONIO OLMOS GRACIA.


Policía local de profesión, desarrolla su cometido en la categoría de oficial en el municipio de Huesca, contando con más de 16 años de servicio y varias distinciones. A pesar de que su afán por la historia le viene desde pequeño, no fue hace mucho cuando se decidió a cursar estudios universitarios de Geografía e Historia en UNED y comenzar en el mundo de la divulgación a través de las redes sociales. Actualmente administra el blog elultimoromano.com así como páginas en Instagram y Facebook con el mismo nombre. Además, colabora con revistas, páginas, asociaciones, blogs relacionados con la divulgación histórica y es miembro de Divulgadores de la Historia.



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Bibliografía:

Almagro-Gorbea, M. Los íberos. Madrid: Historia 16, 1993.

Moneo, T. Religio Iberica: Santuarios, ritos y divinidades. Madrid: Real Academia de la Historia, 2003.

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