LA CONQUISTA ROMANA DE SIRACUSA.
Siracusa en el 214 a.C. |
La caída de Siracusa en el año 212 a.C. es uno de esos episodios que muestran con crudeza cómo la fuerza militar pudo imponerse sobre una ciudad que había sido durante siglos un faro de cultura, ciencia y poder en el Mediterráneo. Fundada en el siglo VIII a.C. por colonos griegos de Corinto, Siracusa pronto se convirtió en la ciudad más rica y pujante de Sicilia. Gobernada por tiranos que supieron combinar el poder militar con un florecimiento cultural de primer nivel, llegó a rivalizar con Atenas y Alejandría como centro intelectual. Entre sus dirigentes más célebres destacaron Gelón, Dionisio y, ya en época más tardía, Hierón II, cuyo largo reinado, iniciado en el 270 a.C., dio estabilidad y prosperidad a la ciudad. Bajo su mando, Siracusa alcanzó un equilibrio político delicado entre Roma y Cartago, las dos grandes potencias que se disputaban el Mediterráneo.
La muerte de Hierón II en el año 215 a.C. marcó un punto de inflexión. Su hijo Hierónimo, influido por facciones internas, decidió alinearse con Cartago en plena Segunda Guerra Púnica, justo cuando Aníbal estaba devastando Italia con sus victorias sobre Roma. Este movimiento situó a Siracusa en el centro del conflicto y convirtió la ciudad en un objetivo prioritario para los romanos, que no podían permitir que Sicilia, clave en el control del Mediterráneo central, cayera definitivamente bajo la órbita cartaginesa.
Fue en este contexto cuando Marco Claudio Marcelo, un general romano con gran experiencia militar, puso cerco a la ciudad en el año 214 a.C. El asedio, sin embargo, se encontró con una resistencia inesperada gracias al genio de Arquímedes, el más grande científico de su tiempo, que diseñó máquinas de guerra para reforzar las defensas de la ciudad. Los relatos antiguos hablan de catapultas de gran alcance, ingeniosas grúas capaces de levantar barcos enteros para estrellarlos contra las rocas, y hasta espejos que concentraban la luz solar para incendiar las velas de los navíos enemigos. Aunque algunas de estas descripciones puedan tener un componente legendario, lo cierto es que las invenciones de Arquímedes retrasaron durante años el avance de los romanos y convirtieron el asedio en un enfrentamiento tan prolongado como desesperante.
Pese a todo, Roma no estaba dispuesta a renunciar. Durante dos años Siracusa resistió, pero la tenacidad de Marcelo y la capacidad romana para mantener la presión acabaron por imponerse. En el año 212 a.C., aprovechando una festividad religiosa en la ciudad, las tropas romanas encontraron una oportunidad para penetrar en sus murallas. El asalto fue implacable: Siracusa fue saqueada sin piedad, sus tesoros artísticos y científicos fueron trasladados a Roma y gran parte de su población sufrió la matanza o la esclavitud. El saqueo de Siracusa marcó un hito en la historia romana, pues fue uno de los primeros casos en que la riqueza cultural de una gran ciudad griega pasó a engrosar el patrimonio de la República.
El episodio más trágico de esta conquista fue la muerte de Arquímedes. Plutarco relata que Marcelo había dado órdenes explícitas de respetar la vida del sabio, consciente de su extraordinario talento. Sin embargo, un soldado romano lo mató en medio del caos, ya fuera por no reconocerle o por desobediencia. Así desaparecía uno de los mayores genios de la historia, inventor de principios matemáticos y físicos que aún hoy nos asombran. Su muerte simbolizó el final del esplendor cultural de Siracusa, una ciudad que había sido durante siglos un referente de la civilización helénica.
La conquista de Siracusa tuvo consecuencias decisivas. Para Roma, significó asegurarse el control de Sicilia, arrebatándosela definitivamente a Cartago y garantizando un suministro estable de grano que sería vital para sostener tanto a su ejército como a su población. Sicilia se convirtió en la primera provincia romana fuera de Italia, administrada directamente por magistrados enviados desde Roma, lo que suponía un cambio radical en la forma de gobernar los territorios conquistados. Para Siracusa, en cambio, fue el inicio de una larga decadencia. Aunque continuó existiendo como ciudad, jamás volvió a recuperar el esplendor económico, político y cultural que había alcanzado en los siglos anteriores.
La caída de Siracusa es recordada como un momento en el que la cultura y la ciencia sucumbieron a la fuerza de las legiones. Roma se llevó a sus templos y bibliotecas buena parte de la herencia artística e intelectual siracusana, y ese traslado contribuyó a la expansión cultural de la propia República. Pero la ciudad griega, que había sido una joya del Mediterráneo durante más de quinientos años, quedó reducida a un papel secundario, absorbida por el poder romano. Lo que se perdió fue mucho más que una ciudad: con la muerte de Arquímedes y el saqueo de sus tesoros, desapareció también una parte del espíritu creativo y científico del mundo heleno.
La conquista romana de Siracusa, en definitiva, no solo supuso un triunfo militar en la Segunda Guerra Púnica, sino que marcó el fin de una de las urbes más brillantes de la Antigüedad. Roma ganó Sicilia y aseguró su posición en el Mediterráneo, pero la humanidad perdió a uno de sus más grandes genios y a una ciudad que había sido, hasta entonces, uno de los centros más admirados del mundo antiguo.
Policía local de profesión, desarrolla su cometido en la categoría de oficial en el municipio de Huesca, contando con 16 de servicio y varias distinciones. A pesar de que su afán por la historia le viene desde pequeño, no fue hace mucho cuando se decidió a cursar estudios universitarios de Geografía e Historia en UNED y comenzar en el mundo de la divulgación a través de las redes sociales. Actualmente administra el blog elultimoromano.com así como páginas en Instagram y Facebook con el mismo nombre. Además, colabora con revistas, páginas, asociaciones, blogs, podcast y es miembro de Divulgadores de la Historia.
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Bibliografía:
HISTORIA ANTIGUA UNIVERSAL II. EL MUNDO ROMANO (2ª)
Autor/es: Fernández Uriel, Pilar. Editorial: U.N.E.D.
Plutarco, Vidas paralelas.
Goldsworthy, A. La caída de Cartago: Las guerras púnicas 265-146 a.C. Barcelona: Ariel, 2007.
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