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LOS INICIOS DE ARAGÓN.













Originándose varios condados a principios del siglo IX en los valles de Hecho, Ansó y Aragón a través de la Marca Hispánica creada por Carlomagno como tapón contra los musulmanes, estos entes territoriales se mantuvieron bajo la tutela del Imperio Carolingio y conforme iban extendiéndose por la cuenca alta del río Gállego, Sobrarbe y Ribagorza, de donde se tomaran los nombres de los respectivos condados, fueron desligándose de su tutela y acercándose a la del Reino de Pamplona.
En 922, el rey navarro Sancho Garcés II conquista el condado de Aragón que quedará supeditado al reino navarro y en 948, al finalizar la línea sucesoria de los condes aragoneses, la dirección del condado será ejercida por infantes navarros con el titulo de rey o régulo, pero supeditado a su padre, el rey de Navarra. A finales de siglo, en 999 Almanzor llega hasta el valle de Hecho y en 1006 su sucesor, Abd al-Malik arrasa Sobrarbe y Ribagorza, haciendo caer estos pseudo-reinos. Pero los territorios fueron rápidamente recuperados entre 1016 y 1018 por el rey navarro Sancho Garcés III o Sancho el Mayor, creando un estado que abarcaba desde León hasta Ribagorza, e instaurando numerosos señoríos defensivos y construyendo o reformando castillos y monasterios fortificados.
En 1029/30 Sancho intitula a sus hijos Ramiro y Gonzalo como reyes de Aragón el primero y de Sobrarbe y Ribagorza el segundo. A la muerte del navarro en 1035 quedan supeditados a su hermanastro el rey García Sánchez III de Pamplona. Ramiro acabó adquiriendo los títulos de los condados de Ribagorza y Sobrarbe al morir su hermanastro Gonzalo, y posteriormente, actuó con independencia del vasallaje de iure que debía al rey pamplonés, estableciéndose desde ese momento el reino de Aragón como estado totalmente independiente. Ramiro quiso seguir su expansión, por lo que mirando hacia los debilitados estados musulmanes del sur, inicio campañas en las que tomó Benabarre y la Baja Ribagorza y en 1064 se dirigió hacia Graus, donde encontró la muerte mientras la asediaba.








                                            LA EXPANSIÓN DE SANCHO RAMÍREZ.


Con la muerte del primer rey aragonés -como soberano independiente-, el trono fue sucedido por su hijo Sancho Ramírez, quien tomó posesión de la ciudad, que fue reconquistada por el reyezuelo de la taifa de Zaragoza al- Muqtádir un año después. A pesar de ello, esta derrota no tuvo mucho significado para el reino aragonés, que ya estaba prácticamente consolidado. Tanto es así, que al-Muqtádir pactó con los primos de Sancho, los reyes de Pamplona y Castilla, para auxiliarse contra el aragonés. Viéndose rodeado, Sancho viajó a Roma, donde rindió vasallaje al Papa Alejandro II a fin de garantizar la neutralidad de sus vecinos cristianos. En 1076, Sancho Ramírez ocupó el trono de Pamplona al morir su titular Sancho IV de Navarra, lo que le granjeó una enemistad con el rey de León y Castilla Alfonso VI, que además del trono, aspiraba a la conquista de Zaragoza al igual que Sancho Ramírez, teniendo que intervenir el papado, concediendo la futurible conquista de Zaragoza a León y Lérida a Aragón, por lo que el rey castellano puso sitio a la ciudad, aunque tuvo que levantarlo debido a la amenaza almorávide tras la conquista castellana de Toledo en 1085, siendo auxiliado por Sancho y restablecida así la amistad entre ambos, lo que le valió a éste que Alfonso le adjudicara la conquista de Zaragoza. Despejada la pugna por los territorios de expansión, Sancho envió dos ejércitos: Uno comandado por él mismo hacia Zaragoza y Huesca, con apoyo de Navarros y Bearneses, y otro al mando del infante Pedro hacia Barbastro y Lérida con el apoyo del conde de Urgell. Tras largos asedios, cayeron Huesca en 1096 tras la batalla del Alcoraz, donde la leyenda cuenta que San Jorge se apareció para ayudar a los aragoneses, Barbastro en 1100, Bolea en 1101 y Zaragoza en 1118, aunque Sancho no pudo celebrar ninguna de las tomas, ya que murió en 1094 ante las murallas de Huesca. Su labor insertó en el concierto de naciones europeas al reino, modernizándolo y aplicando una exitosa política expansiva, dejando a su hijo Pedro un amplio territorio y un estado consolidado.



















Con la muerte de Sancho Ramírez, su hijo, el infante Pedro, le sucedió en el trono como Pedro I durante 10 años, siendo quien hizo efectivas las tomas de Huesca, Barbastro o Sariñena. En 1097 combatió junto al Cid en la batalla de Bairén contra los almorávides a los que derrotaron. En 1104 le sucede su hermano Alfonso I, que heredaba un reino políticamente asentado y con poderosas defensas en los territorios pirenaicos, pero con grandes terrenos llanos recién conquistados en el sur que adolecían de defensas efectivas, y un escaso número de soldados de caballería para hacer frente a sus homólogos musulmanes, además de poca maquinaria de asedio para proseguir sus asedios y con una nobleza perezosa que ya no estaba muy interesada en la guerra expansiva. Es por eso que Alfonso optó por una táctica política: aprobó exenciones y privilegios para los nobles que apoyaran su expansión, creó cuerpos de caballería no nobiliaria, fundó la cofradía de Belchite, una especie de orden militar, actualizó el cuerpo legislativo, consiguió maquinaria de asedio y soldados del sur de Francia, donde le unían lazos de parentesco y amistad con nobles franceses y consiguió del Papa una bula de cruzada; todo ello con el objetivo de la conquista de Zaragoza, llave de todo el tramo medio de Ebro y el Bajo Aragón.




La ciudad estaba en manos almorávides desde que en 1110 derrocaron al último representante de la dinastía Beni Hud, y a pesar de sus intentos de resistencia, el avance aragonés fue imparable: En 1118 cae Zaragoza, a lo que seguiría su expansión tomando Morella, Tudela, Soria o Calatayud entre otras, hasta que en 1134 Alfonso es derrotado y muerto en Fraga, desvaneciéndose así su sueño de llegar hasta el mar, en parte por la oposición del conde barcelonés Ramón Berenguer III que llegó a aliarse con el reyezuelo de Lérida, y lo que es peor, naciendo una grave crisis política.











CRISIS TRAS LA MUERTE DE ALFONSO EL BATALLADOR.


Tras la muerte de Alfonso I en Fraga, abrió una crisis política en la que la ciudad de Zaragoza estuvo en juego, pues tanto Castilla como navarra la reclamaban, además del conde de Barcelona y las órdenes militares a quien Alfonso había dejado el reino. Está herencia no fue acatada por nadie, excepto por las propias órdenes, independizándose en 1076 Navarra de manos de García Ramírez “el Restaurador”, conquistando Zaragoza Alfonso VII de Castilla, donde entró como libertador y cedió parte del territorio al rey de Navarra. Ante tal descalabro, Ramiro II “el Monje”, fue llamado por la nobleza aragonesa para que abandonara el monasterio donde profesaba para convertirse en rey y crear una línea hereditaria en 1134, cosa que haría tras casar a su recién nacida con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Sus inicios fueron convulsos, pues no le faltaron detractores dentro de la nobleza, estando a punto de perder el trono. Esta disensión fue cortada de raíz, pues según la leyenda de la campana de Huesca, Ramiro II dijo que iba a construir una campana lo suficientemente grande como para que se escuchara en todo su reino. Los nobles que fueron a ver esa campana para reírse de él fueron hechos pasar uno a uno a una habitación donde fueron degollados. Se cuenta que mientras les degollaba les iba diciendo "escucha, escucha, mira cómo se oyen las campanadas". Esto hizo que sus enemigos en la corte desaparecieran por el temor que les infundió. Las órdenes militares, tuvieron que aceptar al nuevo rey a pesar de que la herencia de Alfonso les favorecía, a cambio de privilegios. A partir de aquí, Navarra y Aragón ya no volverían a unirse hasta los tiempos de los Reyes Católicos, el “Regnum Caesaraugustanum” pasaría de forma definitiva a Aragón, a las órdenes militares se les encomendaría la defensa y repoblación de las tierras del Bajo Ebro y el Maestrazgo y la unión de su hija con Ramón Berenguer darían como fruto a la Corona de Aragón, solucionando así la crisis creada a la muerte de Alfonso.










José Antonio Olmos Gracia.

Bibliografia:

Historia de Aragón I. Antonio Durán Gudiol, "Orígenes del Reino de Aragón", pp. 145-157; Agustín Ubieto Arteta, "La Reconquista aragonesa", pp. 159-170



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