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EL ISLAM NORTEAFRICANO EN LA BAJA EDAD MEDIA.




Tras la retirada del poder abasí del norte de África y el ocaso de los imperios Almorávide y Almohade, surgieron en el norte de África y sur de la Península Ibérica diferentes estados independientes que dibujarían el mapa mediterráneo durante la baja Edad Media, hasta que finalmente sucumbirán al avance otomano o europeo.










MERINÍES

Los meriníes o benimerines, fueron una tribu bereber que ocupó el poder en los territorios de los almohades, también bereberes, al igual que sus antecesores, los almorávides. A pesar de sus similitudes, los meriníes no surgieron como un movimiento religioso dirigido por un mahdi, aunque sí se apoyaron en la religión para legitimarse a través de la doctrina malikí y de la guerra Santa contra los cristianos de la península, adoptando sus líderes el título de sultán. Tras ocupar la zona de lo que hoy sería Marruecos hasta Túnez, intentaron dar el salto a la península en ayuda del Reino nazarí de Granada, pero en 1340, el rey Alfonso XI vence a éstos en la batalla de Salado, acabando con las pretensiones de expansión y otorgando el control del estrecho a Castilla. Tras esto, las diferentes revueltas internas, hicieron replegarse al interior del Magreb a los meriníes, lo que unido a las posteriores derrotas militares y la intromisión comercial y militar de Génova y Portugal, darían al traste con la dinastía a finales del siglo XIV, siendo sustituidos en 1472 por los wattasies.





ZAYANÍES



Al igual que los meriníes, seguido a la descomposición del Imperio almohade, esta dinastía bereber consiguió la independencia de su territorio, estableciendo el sultanato ziyánida de Tremecén en el 1236, que se estableció en lo que hoy es Argelia. Se estableció la capital en Tremecén y se usó la ciudad portuaria de Orán como base comercial, desde donde se enviaba el oro y esclavos subsaharianos por el Mediterráneo. Su historia está marcada por el enfrentamiento con sus vecinos, los meriníes y los hafsíes, sufriendo varias ocupaciones meriníes en el siglo XIV. Los posteriores sultanes tuvieron que rendir vasallaje a sus vecinos o a la Corona de Aragón, viendo en 1505 y 1509 como España tomaba sus ciudades costeras de Mazalquivir y Orán, llegando a asediar su capital, Tremecén, que pudo resistir a duras penas. El sultanato sobrevivió de forma precaria hasta 1556, cuando los otomanos se anexionaron el país.











HAFSÍES


Al igual que sus vecinos meriníes y zayaníes, esta tribu bereber del norte de África obtuvo su independencia tras la caída del Imperio Almohade. Ocuparon los territorios de la actual Túnez, llegando a expandirse por territorios de los zayaníes en ocasiones. Su fundación data de 1228, cuando Abú Zakariya Yahya, hijo de Abd al-Wahid Ibn Abi Hafs, de quien se toma el nombre de la dinastía, se proclama califa y se independiza de Marrakesh. Después de organizar el nuevo estado y reavivar el comercio, se acogieron a muchos exiliados de Al Andalus y se realizó una expedición contra Tremecén, a la que se sometió a vasallaje por un tiempo. Además En 1255 el califato rechazo a la octava cruzada dirigida por el rey San Luis de Francia cuyo objetivo era la ciudad de Mahdiya. En el siglo XIV el califa Abú Bakr llegó a conquistar la isla de Yerba a los sicilianos y ante el ataque de sus vecinos zayaníes, pidió ayuda a su yerno el sultán meriníes, que ocuparon el Reino zayaní en dos ocasiones. En 1335 se convirtieron en vasallos de España debido al avance otomano por el norte de África y Túnez cambió de manos en varias ocasiones hasta que en 1574 los otomanos conquistaron definitivamente Túnez y ejecutaron al último califa.










IMPERIO MALÍ


La dinastía de Malí se desarrolla a partir del siglo XIII, cuando Soundiata Keita, tras lograr una victoria en la batalla de Kirina de 1235, reunificó los antiguos estados de la actual Guinea y Malí, habiendo estado algunos bajo la influencia del Imperio Almorávide. Tras esto, se proclama “Mansa”, que viene a significar rey de reyes o emperador, estableciendo un imperio que se anexionó Ghana, Songay y el Sáhara occidental hasta las costas atlánticas.
Sus principales fuentes económicas eran el comercio transahariano de esclavos y oro, ya que poseía los yacimientos más importantes de la época, comerciando con los sultanatos norteafricanos y Egipto, importando a cambio telas, sal o armas y llegando a establecerse comerciantes musulmanes en las ciudades malienses, donde poseían sus propios barrios y mezquitas, produciéndose un rico intercambio cultural a través de la religión y de los matrimonios mixtos.
Su apogeo llegaría en el siglo XIV, con Mansa mousa y Mansa Suleimán, que establecieron embajadas con el sultanato mameluco de Egipto o el sultanato meriní.
Los siglos siguientes, los conflictos internos y contra el sultanato de Marruecos debilitaron el Imperio, hasta que en 1850, Francia se anexionó el país.





REINO NAZARÍ DE GRANADA



Tras las Navas de Tolosa y la descomposición del Imperio Almohade, llega el tercer período de taifas de entre las que saldrá el reino de Granada en 1238. Ya en el siglo XIV se había reducido a las coras de Granada, Málaga, Almería, Ronda y Algeciras. Al frente del Reino de situaba un sultán cuyas sucesiones solían ser problemáticas mientras Castilla se inmiscuía en la política nazarí y recortaba territorios poco a poco. Sin embargo se dio un auge en la cultura, desde grandiosas edificaciones como la Alhambra, hasta importantes Escritores como Ibn al-Jatib. Su Corte era de las más espectaculares de Europa y a ella llegaban emisarios de muchos de los estados. En el comercio, aragoneses y genoveses se repartían la actividad en los puertos granadinos. El mandatario de las provincias se dividía entre un jefe militar (alcaide), un gobernador (valí) y un agente fiscal (Amil), aunque en ocasiones eran ejercidos por la misma persona. Sus ejércitos estaban formados por andalusies, en detrimento de bereberes norteafricanos, que se acantonaban en la Alhambra, pidiendo realizar levas masivas de civiles ante incursiones castellanas. Además también contaban con los elches, nombre que se daba a los mercenarios cristianos, que formaban la guardia personal del sultán. Como bien es sabido, este pequeño sultanato rodeado por el enemigo, duró más de 250 años, hasta que en 1492 los reyes de Castilla y Aragón (pues aún no habían recibido el título de católicos) anexionaron el reino, poniendo dormido fin a más de 7 siglos de presencia musulmana en la Península Ibérica.








MAMELUCOS


Tras la invasión mongola de Siria y el caos que imperaba en la zona por los mercenarios jurasmios que el sultán ayubí de Egipto había usado para contener a los mongoles y que ahora se dedicaban a arrasar la zona, incluida Jerusalén en 1244, éste recurrió a una tropa de esclavos turcos del Volga, los mamelucos. Consiguieron expulsar a los jurasmios y derrotar a Luis IX de Francia que se había apoderado de Damieta en la séptima cruzada. Al morir el sultán, el emir mameluco Aybak, se hizo con el poder y tomó el título de sultán en 1250, imponiendo la dinastía Bahrí que duraría hasta 1382 y tomando todos los territorios ayubíes, que iban desde Trípoli, alto y bajo Egipto, Siria, Palestina y el oeste de Arabia. En 1261 derrotó a los mongoles del Ilkanato de Persia comandados por su khan Hulegu en la batalla del Pozo de Goliat, aupando al sucesor de Aybak, Baybars, como salvador del Islam y el califato. En la corte mameluca se acogió a los califas abasíes tras la destrucción de Bagdad en 1258, siendo utilizados como legitimación religiosa al poder. Con los mongoles ocupados en otros asuntos, Baybars puso cerco a los pocos territorios cristianos que quedaban en Siria, conquistando Safet y Antioquía, llegando a acuerdos con los débiles estados latinos hasta que en 1291 toman el último territorio cruzado, la ciudad portuaria de Acre. Tras casi un siglo de consolidación, los buryíes, una rama de los mamelucos, desplazan del poder a los bahríes, creando una nueva dinastía en la que se implantara el derecho de primogenitura en las sucesiones, aunque normalmente se veían envueltas en sangrientas luchas por el poder. El sultanato gozó de una buena administración y un incipiente comercio, pues a través de los karimíes, controlaba todo el tráfico procedente de Asia a través del Mar Rojo, convirtiendo a en uno de los puertos mediterráneos más importantes. El sultanato pervivió hasta 1517, cuando no pudieron aguantar el avance otomano y fueron incorporados al imperio.











José Antonio Olmos Gracia.






























































































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