EL IMPERIO TIMÚRIDA.

 



Tamerlán, del persa: Timür-i lang, ‘Timur el Cojo, en referencia a la cojera que adolecía, nació en 1336 en Kesh, Transoxiana, que por entonces era una provincia del kanato de Chagatai, surgido tras la descomposición del imperio de Gengis Kan. De ascendencia mongola, religión musulmana y turco de lengua y cultura.










Entre 1360-1370 se dedicó a consolidar su poder como líder interno y a reorganizar un nuevo tipo de ejército mixto. Su ascenso siguió las mismas pautas que Gengis kan 2 siglos atrás, ya que ni siquiera era descendiente de este, por lo que en principio no tenía derecho de sucesión. Primero obtuvo control sobre su tribu, los barlas; y después sobre el ulús Chagatai (la confederación de tribus correspondiente al kanato de los descendientes de Chagatai, segundo hijo de Gengis Kan). Consolidado su poder, comienza con las campañas de expansión de kanato. Entre 1370 y 1385 dirige varias incursiones hacia el este conquistando Mogulistan y el valle de Fergana, así como sendas campañas al Imperio de Corasmia, al sur. También emprendió una ofensiva contra el Ilkanato de Persia, al oeste, al que lograría anexionar. Estas campañas le granjearían diferentes conflicto con sus vecinos de la Horda de Oro y la Horda Blanca, sobre todo tras tomar en protección a Toqtamish, aspirante al trono de estas Hordas, y tras su ascenso después de una guerra civil, se tornara en enemigo y tendrá que ser vencido en 1385 en la batalla del rio Terek, siendo destronado y pasando la horda a ser un estado vasallo del imperio de Tamerlán. Por esas fechas sus fronteras llegan hasta Anatolia y Siria, comenzando enfrentamientos con los estados turcos del norte y los mamelucos en el sur, obteniendo resultados dispares, pues los mamelucos, aunque con mucho esfuerzo, consiguieron frenarlos en Siria después de perder importantes ciudades como Alepo o Damasco, no así los turcos de Ak Koyunlu y Kara Koyunlu, a los que anexionó, dejando vía libre a la invasión en la península anatólica.









No contento con las numerosas campañas y victorias en el oeste, en 1398 vuelve a dirigirse al este, invadiendo el sultanato de Delhi, incendiando y saqueando su capital.

Ya en 1402, Tamerlán pone sus ojos en el floreciente Imperio Otomano, que por entonces ya había construido un poderoso imperio en Anatolia y los Balcanes, estando a punto de tomar Constantinopla. En la Batalla de Ankara de ese mismo año, Tamerlán hace añicos al ejército del Sultán Bayaceto, al que captura y mantiene prisionero, penetrando en la península Anatólica. Como curiosidad, esta batalla tuvo como observadores en primera persona a los caballeros Pelayo de Sotomayor y Fernando de Palazuelo, emisarios enviados por Enrique III de Castilla con el fin de iniciar conversaciones diplomáticas con Tamerlán, y que conseguiría tras llegar a Samarcanda, para realizar una pinza a los Otomanos. Aunque en 1403 se volvió a enviar otra delegación al mando de Ruy González de Clavijo, no se consiguió el propósito, y la muerte del Kan, frustró los sueños castellanos. Tras la campaña anatólica, en la que Tamerlán se dedico al saco y a obtener rentar de la venta de prisioneros, regresa a Samarcanda sin dejar a nadie al control de los territorios otomanos, lo que será aprovechado por los herederos de Bayaceto para iniciar una guerra civil por el control del imperio, lo que dio un respiro al maltrecho imperio Bizantino, o lo que quedaba de él, que le hizo sobrevivir medio siglo más. A su vuelta sofocó una rebelión en Mazandán, siendo la última vez que batallaría, pues en 1405 y de camino con un impresionante ejército hacia la conquista de China, fallece el 19 de Enero. Su cuerpo fue enterrado en Gur-e-Amir, en la ciudad de Samarcanda, actual Uzbekistán.











La leyenda cuenta que en su tumba una inscripción rezaba: "Cualquiera que viole mi tranquilidad, será objeto de un terrible castigo". El 20 de Junio de 1941 varios arqueólogos soviéticos abrieron la tumba. 2 días después la Alemania nazi comenzaba la Operación Barbarroja e invadía la URSS.






La historiografía nos presenta a Tamerlán como un líder audaz y capaz, y a pesar de que no sabía leer ni escribir, tenía conocimientos en medicina o astronomía. Aunque castigó cruelmente ciudades y territorios que se resistían o se rebelaban una vez conquistados, infringiendo horrendos castigos a sus habitantes, contribuyó en gran medida al desarrollo de los territorios obtenidos, restaurando las construcciones arrasadas y favoreciendo la agricultura y el comercio. Pero en el campo que más destacó fue en el militar, primero por la capacidad de organizar grandes ejércitos compuestos por diversas tropas de diferentes culturas y gestionar la logística que ello conllevaba, y segundo por su habilidad en el campo de batalla, venciendo en las múltiples batallas que afrontó, tanto en campañas de conquista, como de castigo debido a las numerosas rebeliones que tuvo que afrontar.










Tras su muerte, no consiguió consolidar el poder del imperio, que se fue disolviendo en cruentas guerras civiles hasta desparecer en 1523.










José Antonio Olmos Gracia.


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