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LOS INICIOS DEL IMPERIO OTOMANO.








De la tribu turcomana asentada en la provincia bizantina de Bitinia durante el siglo XIII tras el avance Mongol por el este, nacería un beylick (territorios fronterizos asignados a diferentes tribus turcas bajo el mando de un jefe o beik), en principio, con poca relevancia. Esto cambió con el ascenso de Otmán o Usmán 1288-1326), miembro de una tribu de caballeros musulmanes o gazis, y de donde se tomaría el nombre para dar al posterior imperio.
El poder de Utmán se basó como era costumbre: reparto de tierras y cargos entre familiares. Su hijo Orján, a quien había confiado el mando del Ejército, aprovechó la debilidad bizantina para arrebatar una buena porción de territorio y tomar la ciudad de Bursa, que fue renovada y sembrada de mezquitas, convirtiéndose en la capital del beylik. A pesar de que su padre dio nombre al Imperio, su hijo Orsán fue el verdadero artífice, pues tras esta conquista, siguió en su empeño contra Bizancio y se apoderó de Nicea, Nicomedia y todas las tierras hasta los Dardanelos. Posteriormente aprovechó la segunda Guerra Civil bizantina para ocupar el istmo de GallÍpolis y continuó sus conquistas por los Balcanes, apoyados por otros beyliks que habían entrado en su órbita tras el rápido ascenso otomano. En Anatolia, toma la actual Ankara (Ancyra) y continúa hacia Asia, enfrentándose al beylIk de Karamán. El primogénito de Orján, Suleimán, logró tomar Adrianópolis en 1369.




Esta rápida expansión se dió gracias a la constitución de un ejército con tropas regulares de los beyliks, de las órdenes religiosas y de un nuevo tipo de tropa, los jenízaros, reclutados de antiguos prisioneros de guerra que pasaron a formar la élite del sultán y que se desarrollarían posteriormente hasta se unas de las tropas más temibles de los siglos XV, XVI o XVII.




A pesar de sufrir un ligero revés en Gallipoli, los herederos de Orbán prosiguieron su avance imparable por los Balcanes, reduciendo el reino serbio de Esteban Dusan tras la batalla del rio Maritza y prosiguiendo en la conquista de posiciones bizantinas de la zona. Gracias a esta nueva situación de superioridad, consiguieron vasallaje del reino de Bulgaria y del mismísimo Imperio Romano de Oriente, o lo que quedaba de él. Con Murad I se ocupó la mayor parte de Bulgaria y Serbia entre 1383 y 1387, organizando los nuevos dominios de forma autocrática, pero permitiendo las creencias de los diferentes pueblos que englobaban el reciente imperio. Fue este Murad, quien sustituyó el título de bey por el de sultán. Finalmente Bulgaria fue anexionada por completo y Serbia se mantuvo como un estado vasallo semiautónomo con su propio rey. En Asia Menor utilizó la diplomacia más que las armas para proseguir la expansión, mediante hábiles matrimonios y presiones, se anexiona el beylik de Germiyán. Se organizo el imperio en provincias de extensión variable a la que se ponía al frente a militares o funcionarios para que las administren y exploten, recaudando impuestos para el sultán, siendo el germen de la futura administración otomana. En cuanto a la administración imperial creó un cuerpo de visires que se encargaban de los asuntos estatales como las finanzas los correos o la guerra, sobre los cuales se encontraba un gran visir que era la mano derecha del sultán. Así mismo, rehusó nombrarse califa, aunque a efectos prácticos ejercía como tal y ni siquiera era nombrado en la oración de los viernes.


                                         


En 1389 se produjo la rebelión de los eslavos, comandados por el príncipe Lazar de Rascia que no tuvo éxito al ser derrotados en la batalla de Kosovo a manos del sucesor de Murad, Bayaceto I, puesto que el primero murió en la batalla. Con esta victoria se asentó de forma definitiva el poder otomano, por lo que a Bayaceto solo le quedaba asegurarse el poder interno. Para eso mandó asesinar a su hermano, costumbre que se aplico en los sucesivos siglos de poder otomano a imitación de Bizancio. Tal fue el poder acumulado por Bayaceto, que se permitió el lujo de poner a Juan VII Paleólogo en el trono de Constantinopla, que a cambio le cedió buena parte de la costa asiática del Bósforo, siendo aprovechado para la construcción de la fortaleza de Anadolu Hisari, que posteriormente serviría para el asedio de 1453 en el que caería Constantinopla y sirvió de momento para controlar el tráfico marítimo en el estrecho que hasta entonces monopolizaban los genoveses. En los Balcanes, varios príncipes y déspotas, como los de Morea y Acaya en Grecia o Valaquia en Rumania, rinden vasallaje a Bayaceto.


                   


Ya a finales de 1395 pusieron sus ojos en el reino de Hungría, con quien ya compartían fronteras, por lo que su rey Segismundo solicito una nueva cruzada que fracasaría estrepitosamente en la batalla de Nicópolis en 1396. Bayaceto, inflado de prestigió decidió poner sitio a la mítica ciudad de Constantinopla al año siguiente, empresa que finalmente abandonaría, mientras ocupaba ciudades griegas como Atenas y acababa de anexionar los últimos Beylicks de Anatolio, poniendo la frontera en el Éufrates en 1400. Este avance imparable solo se frenaría tras la llegada de un descendiente de Gengis Khan. Los timúridas de Tamerlán irrumpieron desde Asia y derrotaron a los turcos en la batalla de Ankara en 1402, lo que dio un respiro a bizantinos y occidentales al fraccionarse el imperio y sucederse una cruenta guerra civil.


                                           

Tras la disgregación producida debido a la derrota en Ankara frente se los timúridas, se sucedieron varios años en los que los sucesores de Bayaceto pugnaban por el poder y la recuperación de territorios perdidos, hasta que en 1439 Murad II, Nieto de Bayaceto, consiguió la reunificación total. Éste y su hijo Muhamad II se centraron en someter de nuevo a Serbia, Albania, los principados rumanos de Valaquia, Transilvania y Moldavia o Dalmacia, que Irian consiguiendo a lo largo del siglo XV u XVI. Pero Muhamad II, también conocido como Mehmed El Grande, puso sus ojos en los restos del Imperio Bizantino, que se limitaban a la ciudad de Constantinopla y algunos territorios al sur de Grecia. Construyó una fortaleza similar a la Anatolia en el otro lado del Bósforo, llamada Rumeli Hisar y puso sitio a la ciudad en Abril de 1453. Aunque Bizancio pidió ayuda a los occidentales, llegando a anular el Cisma de Oriente, la poca ayuda italiana no fue suficiente para detener al imponente ejercito turco y su artillería, que entraban en la ciudad el 29 de Mayo, poniendo fin a más de 2 milenios de historia del Imperio Romano.


                                         


Tras esto se trasladó la capital a Constantinopla y se siguió con su expansión que llegaría hasta Marruecos y las mesetas asiáticas, pasando por el Golfo Pérsico al Danubio. Nacía así un poderoso imperio que duraría hasta la primera Guerra Mundial y que traería múltiples problemas a los países europeos como Hungria, Austria o la propia España.



José Antonio Olmos Gracia.

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