LOS ALMOGÁVARES: EL EQUIPO A DE LOS SIGLOS XII Y XIII

 

El término viene del árabe al-muwadir, que significa: el que hace algaras o correrías. Se trata de un tipo de infantería ligera surgida en la Corona de Aragón, siendo mencionados por primera vez en el asedio de la Zaragoza musulmana por Alfonso I el Batallador en 1118. Esta soldadesca surgió debido a la situación política en la penisla ibérica durante la reconquista. Las zonas limítrofes entre los territorios cristianos y musulmanes a menudo estaban despoblados o sin autoridad, haciéndolos muy permeables a racias e incursiones de saqueo o castigo, lo que provoco que muchos campesinos de la Corona tuviesen que dedicarse a defenderse de estas o a abandonar sus tierras de cultivo y vivir del saqueo fruto de sus propias incursiones en territorio enemigo.
Esto hizo que con el tiempo se fuesen profesionalizando, llegando a ser contratados por nobles para sus campañas y correrías en territorio musulmán como tropas de complemento a caballería o ballesteros, hasta que a partir del S.XIII se convierten en verdaderos soldados de élite del ejército, siendo utilizados en las conquistas de ultramar, considerándose una de las mejores, si no la mejor, infantería del momento.

                               

 

El armamento de estas tropas era ligero y sencillo. Como arma ofensiva usaban una o dos Azconas (lanzas cortas arrojadizas), un cuchillo largo llamado Colltell y varios dardos. Como equipamiento, usaban un pequeño escudo redondo, una rejilla para proteger la cabeza y poco más. Su verdadera arma era su fiereza, que infundía temor en el adversaria antes de la batalla, al chocar sus armas y hacer saltar chispas, al grito de: ¡Desperta Ferro! Matem, matem O ¡Aragón! para posteriormente no dejar títere con cabeza, y por su movilidad, siempre realizando guerrillas y escaramuzas, a las que los enemigos no acostumbraban. De hecho, esta forma de batallar se consideraba deshonrosa para la época, por lo que incluso apenas se les incluía de algunas crónicas, como las de “El libro de los hechos” de Jaime I el Conquistador, donde se relata la conquista de Mallorca y Valencia ya en el siglo XIII. No hay que olvidarse también su adaptabilidad al mar, donde en las batallas de galeras supusieron una revolución del abordaje naval de la época, debido a que los dardos de sus ballestas eran rectangulares, pesaban más que las flechas tradicionales y alcanzaban grandes distancias, como pudo verse en la batalla de las Islas Formigues, donde la escuadra Francesa fue prácticamente aniquilada.
Con esta infantería, la Corona Aragonesa, realizó sus conquistas en la península, en las islas Baleares, en Sicilia y Nápoles a expensas de los franceses en las llamadas Vísperas Sicilianas y llegando incluso a Grecia, donde conquistaron Atenas y Neopatria.



Pero su fama no acaba aquí, ya que tras acabar las conquistas de Aragón, decidieron seguir con lo que mejor se les daba, la guerra, por lo que en el año 1303 Andrónico II, emperador de Bizancio, que no lo estaba pasando muy bien en Anatolia debido a los turcos, reclutó a la compañía de Roger de Flor, que por cierto, había sido cruzado en San Juan de Acre, para que les resolviera el problema. Fue entrar en la península y la primera escabechina estaba servida, derrotan a un ejército de turcos que los triplicaba, dejando alrededor de 13.000 muertos al grito de ¡Desperta Ferro!, 1 año más tarde, a los pies del monte Tauro, los Almogávares se enfrentaron a una fuerza de unos 30.000-40.000 turcos, siendo ellos unos 7.000. El resultado: la mitad del ejército turco aniquilado y el resto en desbandada. Tras esto, en 1305, en emperador Andrónico urdió una traición contra estos, asesinando a parte de la cúpula de la compañía, por lo que el resto de la soldadesca la lió de tal manera que llego a sitiar la propia Constantinopla, obligando al emperador a guarnecerse detrás de las imponentes murallas.



En la batalla del Rio Cefiso, en Beocia, los Almogávares, con unos 3000 hombres y 500 jinetes, enviados por el rey de Sicilia para la conquista del Ducado de Atenas, y la ayuda de unos 2000 mercenarios turcos, se enfrentaron a unos 12.000 infantes pesados con el armamento más moderno de la época y unos 3000 caballeros de lo que se consideraba la mejor caballería del momento, la francesa. Antes de la batalla, los aragoneses cavaron zanjas y desviaron el río, haciendo del campo de batalla un lodazal y cuando la caballería francesa cargó confiada de su superioridad, esta se quedo atascada hasta en dos ocasiones en el fango, momento en el que los Almogávares atacaron. Y en el cuerpo a cuerpo nada tuvieron que hacer los franceses ante tales bestias. La caballería Aragonesa y los mercenarios turcos, que aunque habían huido al ver la imponente caballería pesada francesa, deciden regresar viendo la matanza que estaban produciendo los Almogávares, rodean a la infantería francesa y la aniquilan. Como anécdota destacar que ningún noble francés salió vivo de la batalla.

José Antonio Olmos Gracia

Comentarios

Entradas populares