BATALLA DE LEGNANO.

 



 

 Tras la muerte del Papa en el 1159, una parte de la curia cardenalicia elige al Alejandro III, mientras que la otra, apoyada por el emperador del Sacro Imperio, Federico I Barbarroja, nombra a Víctor IV. Alejandro, procede a excomulgar al emperador, que ante tal hecho, manda un ejército de unos 10.000 soldados al norte de Italia a fin de destituir al papa y de reafirmar su autoridad en las ricas ciudades del norte que cada vez demandaban más independencia bajo una potente clase burguesa. Así el Papa Alejandro favorece la creación de la Liga Lombarda en el 1167, constituida por ciudades del norte de Italia con el apoyo de los estados normandos del sur e incluso del Imperio Bizantino. En un primer momento, los ejércitos imperiales tomaron y saquearon Milán además de unas cuantas ciudades más. Su gran error fue confiar en las negociaciones que se habían establecido y licenciar a parte de su ejército, ya que cuando éstas fracasaron, recibió una negativa de parte de su primo Enrique el León, duque de Baviera, de mandarle refuerzos a la zona, y las tropas que pudo recibir de otros vasallos, además de no ser tan numerosas como esperaba, se trataban únicamente de caballería. Es por esto que el emperador decidió el traslado de sus tropas a la aliada ciudad de Pavía, acción que trataría de evitar la liga cortándoles el paso con un ejército de unos 15.000 hombres al mando del ex cónsul de Milán Guido da Landriano.



El 29 de Mayo Barbarroja acampo a sus 3.000 soldados en el monasterio de Caríate, a unos 50 kilómetros de su destino. A pesar de la notable diferencia de soldadesca, el ejército imperial se nutria de soldados profesionales y caballería pesada, en contra de sus enemigos con tropas provenientes de levas de ciudadanos y campesinos. Landriano coloco a parte de su ejército sobre un terreno elevado cerca de Legnano a la espera de los alemanes que avanzaban por el valle  del rio Olona. Un primer choque entre una avanzada lombarda y otra imperial, acabó con la victoria de los segundos al recibir los refuerzos del resto del ejército y la huida de la caballería enemiga, que dejó desprotegida la infantería en Legnano. Federico envió la caballería para rematar al ejército aliado que se agrupó en torno a su carracio con una formación de escudos y lanzas, con la primera fila arrodillada para apoyar las lanzas en el suelo y permitir la utilización de la segunda fila. Tras horas de brutales cargas, y el desmoronamiento de las 4 primeras filas de lanceros, la quinta y última resistió, consiguiendo aguantar lo suficiente para recibir al resto del ejercito que venía en auxilio desde Milán. A la llegada de éstos, los soldados agrupados recibían ataques desde todos los flancos y al ver el emperador la llegada de refuerzos, decidió ponerse al frente de sus tropas para subir la moral, ya que se encontraban extenuadas entre tantas cargas y ver que no conseguían tomar la posición. No surtió efecto ya que su caballo fue herido, su abanderado muerto y su estandarte capturado, lo que unido a la superioridad numérica de los lombardos, que comenzaron a flanquear al ejército teutón, minaron poco a poco su moral. Barbarroja intentó una retirada ordenada para reagruparse durante la noche, pero los lombardos no cesaron en su persecución, llegando hasta el campamento enemigo que pudieron saquear y obligaron al emperador a huir a Pavía.

 

 

La batalla supuso el fin de la invasión y la firma de la paz de Venecia, donde se reconoció cierta autonomía a las ciudades italianas. Sin embargo al papado no le salió tan bien la jugada, ya que Federico, caso a su hijo Enrique con Constanza, heredera del trono Siciliano, consiguiendo atenazar a los Estados Pontificios y abriendo un nuevo horizonte al imperio, aunque tendría que hacer frente a las rebeliones internas en Alemania.


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