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ALEJO I COMNENO


 Tras la derrota en la batalla de Manzikert en el 1071, el Imperio Romano de Oriente entra en caos interno, con luchas entre diferentes facciones, a lo que habría que unir la pérdida de gran parte de Anatolia, principal territorio, entre los selyúcidas.

 Pero en el 1081 llegaría al poder alguien con el carisma suficiente para poner orden ante semejante hecatombe. Alejo I Comneno obtiene la corona tras un breve período en el que reinaron 4 emperadores, cada uno perteneciente a una dinastía diferente, con una destacada vida militar tras luchar contra turcos y rebeldes por todo el imperio, sobre todo con la familia Ducas. Aprovechó esto para dar un golpe de Estado junto con su hermano y padre y destronar al entonces emperador Nicéforo III, convirtiéndose en emperador al rechazar su padre la corona. Rápidamente emparentó con la familia Ducas, lo que consiguió por fin una estabilidad interna y el fin de las rebeliones.

 Durante los 37 años de su reinado, tuvo que hacer frente a Paulicianos y Bogomilos dentro de sus fronteras, y selyúcidas, pechenegos y normandos en el exterior, además de vivir la primera Cruzada y la traición de los señores de esta. Aun así consiguió reflotar el imperio con reformas monetarias y administrativas, afianzando sus posesiones europeas y reconquistando las áreas costeras de anatolia, que a la postre eran las mas ricas y con proyección comercial en una época en que las republicas mercantiles italianas comenzaban su auge comercial.

 Su primera intervención ocurrió nada más llegar al poder, ya que la costa adriática había sido invadida por los normandos sicilianos de Roberto Guiscardo, duque de Calabria y Apulia. Para esta batalla contaría con la ayuda de los venecianos, que por aquel entonces empezaba a surgir como potencia económica y uno de sus principales centros era el Imperio Bizantino, con el que obtuvo beneficiosos acuerdos fiscales. En la batalla de Dirraquio, los bizantinos lograron una clara ventaja cuando las tropas bizantinas hicieron huir el ala izquierda normanda, sin embargo, se obcecaron en su persecución, dejando el centro descubierto, por lo que la caballería normanda no se lo pensó y cargó, causando la huída del ejército imperial.


- Alejo indudablemente era un buen táctico, pero fue gravemente defraudado por la indisciplinada prisa de perseguir las alas enemigas en retirada, un pecado en los manuales de táctica bizantinos. Fracasó al no valorar adecuadamente la carga de la caballería pesada normanda, que pulverizó sus líneas con poca resistencia. -

—Evaluación de John Haldon sobre la batalla.

 Los normandos avanzaron por toda Grecia, venciendo a bizantinos una y otra vez, hasta que Roberto tuvo que acudir a la llamada de su aliado, el papado, en una guerra defensiva contra el emperador Alemán Enrique IV, dejado a su hijo, Bohemundo de Tarento a cargo del ejército, siendo finalmente derrotado en Larisa y expulsado de territorio bizantino tras firmar una tregua con el sultanato de Rum, que incluso le envió 7000 jinetes para repeler a los normandos y obtener la ya citada ayuda veneciana, con la que se reconquistó Dirraquio y la isla de Corfú.

 Pero la tregua turca no duraría mucho, en en 1087 el sultán, al ser consciente de la debilidad bizantina, pactó con los pechenegos una invasión total del Imperio. Esa misma primavera un ejército de unos 80000 de estos junto con aliados magiares y oguzs invadieron Tracia y aunque en un primer momento fueron pillados por sorpresa en su campamento por los Bizantinos cerca del río Ebrus, el ejército era tan potente que volvería a librar batalla ese mismo año en Distria y esta vez, alcanzaron la victoria al igual que el año siguiente en Dorystolon. Las cosas no pintaban bien para Alejo, así que decidió gastarse todo el oro que podía para contratar un poderoso ejército de Cumanos, que junto con Valacos y mercenarios flamencos que sumaban unos 95.000, mientras que los pechenegos, contaban con 115.000 soldados. EL 28 de abril del 1091 se decidió el destino imperial en Levounion . Los bizantinos cargaron con tal fuerza que los pechenegos retrocedieron en minutos dejando a los bizantinos paso hasta su campamento, donde se produjo tal masacre, que el pueblo entero de los pechenegos fue prácticamente exterminado y aunque volverían más adelante la amenaza quedó neutralizada. La batalla es calificada como una de las batallas más sangrientas del medievo, pues además de los 60.000 soldados muertos, esa misma noche se ejecutó a otros 50.000 prisioneros entre los que había niños y mujeres.


 Tras asegurar sus posesiones europeas, Alejo pidió ayuda a Roma para recuperar territorios en Anatolia, Siria y Palestina con la promesa de reconciliación tras el cisma de las dos iglesias en el 1054. Pero el fervor desatado en Europa tras el Concilio de Clermont, en el que se llamaba a la Guerra Santa y a recuperar Jerusalén hizo que miles de personas emprendieran el camino hacia Tierra Santa. Alejo, que esperaba refuerzos mercenarios, quedó horrorizado al ver cómo en el 1096 se presentaban ante las puertas de su capital 40.000 personas sin formación militar ni disciplina alguna, la llamada Cruzada de los Pobres, fue embarcada de inmediato a Anatolia, donde fue presa fácil de los Turcos. El año siguiente 35.000 cruzados, esta vez soldados, desembarcan en Anatolia tras la promesa de devolver todos los territorios recuperados al emperador a cambio de su apoyo logístico y aunque, varios territorios de Asia menor pudieron ser recuperados, recluyendo a los turcos de Rum a la meseta central de Anatolia, las ciudades sirias y palestinas como Edesa, Antioquia, Trípoli o la propia Jerusalén serían capturadas por los señores cruzados, estableciendo los denominados Estados latinos independientes.


FUENTES:

HISTORIA MEDIEVAL. JULIAN DONADO VARA Y ANA ECHEVARRIA ARSUAGA. ED. UNIVERSITARIA RAMON ARCES.

ARRECABALLO.ES




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