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LA NAVAJA DE OCKHAM.


 









Seguro que has oído alguna vez esa expresión, pero ¿sabes exactamente de dónde viene? Para empezar, vamos a ver a el autor de tal razonamiento. Guillermo de Ockham fue un filósofo, teólogo, escritor, lógico, físico y monje franciscano de origen inglés de finales del Siglo XIV. Criticó las diferentes corrientes filosóficas imperantes hasta el momento como el Aristotélico, Platonismo, Tomismo o Agustinismo, por lo que se apodó a su filosofía como Criticismo. Sus esfuerzos se centraron en la separación entre Fe y Razón y en la defensa de un nominalismo acérrimo, que niega la existencia de las esencias universales de las cosas particulares, tal y como afirmaba Platón y sucesivos filósofos. Sus ideas le costaron la excomunión en 1324.


La teoría de la que hablamos es el Principio de Economía, o como se le conoce comúnmente, La Navaja de Ockham. Se basa principalmente en la crítica al esencialismo, ya que si Dios a creado el mundo voluntariamente, no puede haberlo hecho partiendo de unas esencias universales previas ya que esto habría coartado su libertad absoluta y omnipotencia. El principio reza: No hay que multiplicar los entes innecesariamente. “La Navaja” viene de la metáfora que alude a un barbero cortando las barbas de Platón, que simbolizan esas realidades innecesarias. A partir de la modernidad, este principio se usó en la ciencia, refiriendo a que dos proposiciones o explicaciones que se refieren a lo mismo, será más cierta la que sea siempre más simple, o lo que es lo mismo, la explicación más sencilla suele ser la verdadera.





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