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LA ASIMILACION DE LOS PUEBLOS BARBAROS.



Tras las denominadas invasiones germánicas que se sucedieron sobre todo en los siglos III y IV, en la que varios pueblos (no sólo germánicos) penetraron las fronteras del Imperio Romano debido a varios factores y de diferente forma, ya que algunos entraron como foederati como Ostrogodos y Visigodos, otros conquistando como Suevos o Vándalos, y otros simplemente para ocupar el vacío de poder en territorios abandonados como Anglos, Juntos y Sajones.

La proporción de estos respecto a la población local se estima en un 5%, por lo que primeramente constituyeron una elite gobernante y guerrera, llegando a crear asentamientos diferenciados e incluso prohibiendo matrimonios mixtos. Sin embargo se produjo una lenta fusión en torno a varios aspectos: la cultura superior que se encontraron hizo que se siguieran usando funcionarios romanos que hablaban latín por lo que fue ganando protagonismo entre las élites, los que mezclado con sus propios idiomas dio lugar a las lenguas romances; la legislación, que también se empezó a escribir en latín por los conquistadores, dejando atrás las antiguas leyes orales bárbaras, primeramente fue personal (los nativos usaban sus propias leyes, como la Lex Romana Visigothorum en Hispania) para ir tornando en territorial (como el Liber Iudiciorum del rey visigodo Recesvinto), que englobaba a todos los habitantes del mismo reino aunque estas compilaciones jurídicas nunca llegaron a la complejidad de las imperiales como el Código Teodosiano o el Justiniano; en cuanto a la religión, la mayoría de pueblos invasores eran arrianos, y aunque la mayoría fueron tolerantes, finalmente se bautizaron al catolicismo, que además de la aceptación de la plebe, conseguía el reconocimiento y protección papal. El primero en dar el paso fue el rey franco Clodoveo, que utilizó la reciente conversión como casus belli para desalojar a los visigodos arrianos de la zona de Aquitania y posteriormente, el rey católico visigodo Leovigildo, utilizaría la misma estrategia con los Suevos.

 



En cuanto a la economía, el sistema de villas romano se mantuvo para sustentar a las élites, fomentando la ruralización que ya se venía dando en el bajo imperio, hasta tal punto que llegó a constituir la una fuente de riqueza. Las antiguas ciudades siguieron existiendo pero solo a efectos administrativos, de centros económicos y como sede episcopal. Estos obispillo generalmente provenían de la anterior clase senatorial romana. La moneda utilizada siguió siendo el Nomismas y posteriormente el Tremissis que equivalía a un tercio del anterior, claro síntoma de devaluación, no atreviéndose ningún reino a acuñar moneda propia hasta el S. VI. En la Gobernación, aunque se usaron antiguos funcionarios romanos py se asimilaron protocolos cortesanos, como el anteponer en Flavius al nombre del rey, estos siguieron con la tradición de considerar el Reino como propiedad personal y no como Res Pública, imponiendo sus propios sistemas sucesorios (electivo o de reparto entre hijos) haciendo referencia el título regio al pueblo conquistador y no al territorio conquistado, lo que supuso importantes conflictos sucesorios, que en algunos casos fueron fatales.

En definitiva, tras un primer choque cultural, estos pueblos fueron asimilando poco a poco la cultura romana imperante en los diversos territorios, con la excepción de las áreas más orientales (como Alemania) y Gran Bretaña con Jutos, Anglos y Sajones, donde al haber tenido menor presencia el Imperio, o directamente haberlo abandonado, sus conquistadores no tuvieron que asimilar la cultura latina, sobre todo en la citada Britania, donde los bretones huyeron a la actual Bretaña en Francia ante la fiereza e intolerancia de sus conquistadores.



Bibliografía. Historia Medieval (Siglos V-XII) Editorial Universitaria Ramón Arcés. J. Donado Vara, A. Echevarría Arsuaga.

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