BATALLA DE KADESH: RAMSÉS II, EL IMPERIO HITITA Y LA GRAN BATALLA POR EL CONTROL DE SIRIA
La batalla de Kadesh constituye uno de los enfrentamientos militares más célebres de la Antigüedad. Librada probablemente hacia 1274 a. C., durante los primeros años del reinado de Ramsés II, enfrentó al poderoso Imperio egipcio con el Imperio hitita, dos de las grandes potencias del Próximo Oriente durante la Edad del Bronce Final. El escenario fue la ciudad de Kadesh, situada junto al río Orontes, en la actual Siria, una posición estratégica cuya posesión permitía controlar importantes rutas de comunicación entre la costa mediterránea y el interior de Siria.
Durante siglos, la batalla fue conocida principalmente a través de la versión egipcia. Ramsés II ordenó que el enfrentamiento fuera representado en varios de los grandes templos de su reinado y presentó el combate como una extraordinaria victoria personal. El faraón aparecía en los relieves combatiendo prácticamente solo contra las fuerzas enemigas y salvando a su ejército gracias a su valor y a la protección del dios Amón. Sin embargo, la investigación histórica moderna permite ofrecer una imagen mucho más equilibrada. Kadesh no fue una victoria egipcia aplastante, sino un enfrentamiento cuyo resultado militar fue, en términos generales, indeciso.
La importancia de Kadesh va mucho más allá de la propia batalla. El enfrentamiento formaba parte de una larga competición entre Egipto y Hatti por el control de Siria. Además, el conflicto terminó desembocando décadas después en uno de los tratados de paz más antiguos conservados, firmado entre Ramsés II y el rey hitita Hattusili III. Kadesh representa así uno de los mejores ejemplos de la relación existente entre guerra, diplomacia y equilibrio de poder en el mundo antiguo.
EGIPTO Y HATTI: DOS GRANDES POTENCIAS
Para comprender la batalla es necesario conocer primero la situación política del Próximo Oriente durante el siglo XIII a. C. En aquel momento, Egipto no era la única gran potencia de la región. El Imperio hitita, con capital en Hattusa, dominaba buena parte de Anatolia y había extendido su influencia hacia Siria. Babilonia mantenía también una posición relevante en Mesopotamia, mientras que Asiria comenzaba a adquirir una importancia creciente.
El Imperio egipcio, gobernado por la XIX Dinastía, había desarrollado durante siglos una fuerte influencia sobre Canaán y el sur de Siria. Las campañas de los faraones del Imperio Nuevo habían permitido establecer una red de territorios tributarios y Estados vasallos que protegían las rutas septentrionales de Egipto.
La situación había cambiado progresivamente durante los siglos XIV y XIII a. C. El ascenso de los hititas alteró profundamente el equilibrio político de la región. Hatti había logrado extender su autoridad sobre numerosos territorios sirios y amenazaba directamente la posición egipcia.
Siria era especialmente importante porque constituía una zona de transición entre Anatolia, Mesopotamia, el Mediterráneo oriental y Egipto. Las rutas comerciales atravesaban sus territorios y conectaban regiones productoras de materias primas con los grandes centros urbanos de la Edad del Bronce.
El control de Siria también tenía una dimensión militar. Un poder establecido en el norte de Siria podía amenazar las posiciones egipcias de Canaán, mientras que Egipto necesitaba mantener sus dominios asiáticos para impedir que una potencia rival se aproximara demasiado a sus fronteras.
La región estaba dividida entre numerosos pequeños reinos y ciudades-Estado. Algunos reconocían la autoridad egipcia, otros dependían de los hititas y otros intentaban mantener una política independiente aprovechando la rivalidad entre las grandes potencias.
Por esta razón, el conflicto entre Egipto y Hatti no era únicamente una guerra entre dos ejércitos. También era una lucha por la fidelidad de decenas de pequeños Estados y por el control de una compleja red de rutas comerciales y territorios estratégicos.
SETI I Y LA HERENCIA DE LA GUERRA
Cuando Ramsés II llegó al trono, heredó una situación que ya había sido marcada por la política militar de su padre, Seti I. Este faraón había realizado varias campañas en Canaán y Siria con el objetivo de recuperar posiciones que se habían perdido o que se encontraban bajo influencia de poderes rivales.
Seti I consiguió importantes éxitos militares, pero la situación en Siria seguía siendo inestable. El poder hitita continuaba siendo una amenaza y la ciudad de Kadesh se encontraba dentro de una zona especialmente disputada.
Ramsés II no abandonó la política expansionista de su padre. Por el contrario, uno de los grandes objetivos de los primeros años de su reinado fue consolidar la posición egipcia en Asia.
La recuperación de Kadesh tenía un enorme valor estratégico. No se trataba simplemente de conquistar una ciudad más. Su posición junto al Orontes permitía controlar un importante corredor hacia el interior de Siria y constituía una pieza fundamental en la pugna entre Egipto y Hatti.
El faraón necesitaba además demostrar su capacidad militar. Ramsés era un monarca joven y, como cualquier soberano del antiguo Egipto, debía proyectar una imagen de poder tanto hacia el interior como frente a los Estados extranjeros.
La guerra era, por tanto, una herramienta militar y política. Una victoria en Siria reforzaría la autoridad de Ramsés y demostraría que Egipto continuaba siendo una potencia capaz de enfrentarse al poderoso Imperio hitita.
MUWATALLI II Y EL IMPERIO HITITA
Al otro lado se encontraba Muwatalli II, rey del Imperio hitita. Hatti constituía una potencia formidable. Su territorio principal se encontraba en Anatolia, pero su esfera de influencia se extendía hacia Siria y alcanzaba numerosos Estados vasallos.
Muwatalli comprendía perfectamente la importancia estratégica de Kadesh. Si la ciudad caía en manos egipcias, la posición hitita en Siria quedaría seriamente comprometida.
Por ello, decidió concentrar un gran ejército para detener la expedición de Ramsés. Las fuentes egipcias proporcionan cifras enormes sobre el tamaño de las fuerzas hititas, aunque probablemente exageran su número. Aun reduciendo considerablemente esas cifras, debió tratarse de un ejército de dimensiones excepcionales para los estándares de la época.
El ejército estaba compuesto por contingentes procedentes de distintos territorios. Junto a las fuerzas hititas participaron tropas de Estados aliados o sometidos a Hatti.
El elemento fundamental de estas fuerzas eran los carros de guerra. Durante la Edad del Bronce Final, los carros constituían una de las principales armas de los ejércitos de las grandes potencias. Eran especialmente útiles en terrenos relativamente abiertos y permitían realizar ataques rápidos contra formaciones de infantería.
Los carros hititas estaban diseñados para transportar a varios combatientes y podían utilizarse tanto para ataques directos como para movimientos envolventes. Su concentración en Kadesh proporcionaba a Muwatalli una importante ventaja táctica.
EL EJÉRCITO DE RAMSÉS II
Ramsés organizó su ejército en varias grandes divisiones. Las fuentes egipcias mencionan las divisiones de Amón, Ra, Ptah y Seth, denominadas según importantes divinidades del panteón egipcio.
Estas unidades avanzaban siguiendo una ruta hacia el norte. El ejército no marchaba completamente concentrado, sino que las divisiones mantenían cierta distancia entre ellas.
Desde el punto de vista logístico, esta organización permitía avanzar con mayor facilidad y abastecer a las tropas durante una campaña prolongada. Sin embargo, también generaba un riesgo evidente: si el enemigo atacaba una división antes de que las demás pudieran acudir en su ayuda, podía destruirla o desorganizarla.
Muwatalli intentaría aprovechar precisamente esta circunstancia.
Ramsés avanzó hacia Kadesh acompañado por la división de Amón. El resto del ejército se encontraba todavía en diferentes puntos de la ruta.
El faraón esperaba encontrar al enemigo preparado para defender la ciudad, pero no conocía con precisión la posición de las tropas hititas.
Esta falta de información sería determinante.
EL ENGAÑO HITITA
Uno de los episodios más famosos de la batalla está relacionado con la inteligencia militar. Según las inscripciones egipcias, Ramsés capturó a dos individuos que afirmaron ser desertores del ejército hitita.
Estos hombres aseguraron que Muwatalli se encontraba muy lejos de Kadesh y que el ejército hitita había retrocedido por miedo a enfrentarse a las tropas egipcias.
La información parecía confirmar las expectativas del faraón.
Ramsés creyó que Kadesh se encontraba prácticamente desprotegida y aceleró su avance. La decisión parecía razonable desde la información que poseía, pero contenía un grave error: el ejército hitita estaba mucho más cerca de lo que los egipcios pensaban.
Los supuestos desertores habían proporcionado información falsa.
La emboscada estaba preparada.
El ejército de Muwatalli permanecía oculto detrás de Kadesh, fuera de la vista de los egipcios. Ramsés había avanzado con una parte de sus fuerzas sin esperar la llegada del resto de las divisiones.
El ejército egipcio estaba a punto de quedar atrapado.
LA DIVISIÓN DE RA ES ATACADA
La oportunidad llegó cuando la división de Ra se aproximaba a la posición del faraón. Las tropas egipcias marchaban sin esperar un ataque de semejante magnitud.
Los carros hititas cruzaron rápidamente el Orontes y atacaron la formación egipcia.
El golpe fue devastador.
La división de Ra quedó desorganizada y numerosos soldados huyeron hacia el campamento de Ramsés. La llegada de estos fugitivos provocó todavía más confusión.
En pocos momentos, una operación militar que parecía encaminada a recuperar Kadesh se convirtió en una crisis para el ejército egipcio.
Ramsés se encontraba con la división de Amón y tenía ante sí una fuerza enemiga considerablemente superior en número.
El faraón estaba prácticamente aislado.
Este es el momento que la propaganda egipcia convertiría posteriormente en el gran episodio heroico de Kadesh.
RAMSÉS II EN EL CENTRO DE LA BATALLA
Las inscripciones egipcias presentan a Ramsés como un guerrero excepcional. Según el relato oficial, el faraón habría quedado rodeado por los enemigos y habría invocado al dios Amón antes de lanzarse personalmente contra las fuerzas hititas.
Las representaciones de los templos muestran a Ramsés disparando flechas desde su carro mientras los enemigos caen ante él.
El mensaje político es evidente. El faraón no aparece como un comandante que depende exclusivamente de sus soldados, sino como un rey guerrero protegido directamente por los dioses.
El relato tenía una función propagandística muy clara. La monarquía egipcia se fundamentaba en una estrecha relación entre poder político y religión. El faraón era considerado intermediario entre los dioses y los hombres y debía demostrar su capacidad para mantener el orden frente al caos representado por los enemigos extranjeros.
Por ello, las escenas de Kadesh no pueden interpretarse literalmente como una fotografía del combate.
Sin embargo, eso no significa que Ramsés no desempeñara un papel importante. Es muy probable que el faraón dirigiera personalmente parte de las operaciones y que su capacidad para reorganizar sus tropas contribuyera a evitar una derrota catastrófica.
La situación comenzó a cambiar cuando las fuerzas egipcias recibieron refuerzos.
LA LLEGADA DE LOS NE'ARIN
Uno de los elementos más discutidos de la batalla es la llegada de los llamados Ne'arin. Las fuentes egipcias presentan a estas tropas como un contingente que apareció en un momento decisivo y contribuyó a salvar la situación.
Su naturaleza exacta sigue siendo objeto de debate. Algunos investigadores han interpretado el término como una fuerza militar procedente de Canaán o de territorios bajo control egipcio, mientras que otras interpretaciones han propuesto diferentes posibilidades.
En cualquier caso, su aparición tuvo importancia en el relato egipcio de la batalla.
La llegada de refuerzos permitió recuperar cierta capacidad ofensiva y redujo el peligro de que Ramsés y la división de Amón fueran destruidos.
El ataque hitita había conseguido una sorpresa extraordinaria, pero no había producido la aniquilación del ejército egipcio.
Ese detalle sería decisivo.
EL CONTRAATAQUE EGIPCIO
Una vez recuperada cierta cohesión, los egipcios pudieron lanzar un contraataque. Los carros desempeñaron nuevamente un papel importante.
El campo de batalla se convirtió en un enfrentamiento caótico en el que las unidades de carros de ambos bandos maniobraban y atacaban las posiciones enemigas.
Los hititas habían conseguido inicialmente una enorme ventaja, pero su ataque no había destruido completamente a los egipcios.
Además, la propia concentración de sus fuerzas alrededor del campamento egipcio pudo dificultar la coordinación.
Las fuentes egipcias describen una gran victoria de Ramsés, pero el desenlace real parece haber sido mucho menos contundente.
El ejército hitita no fue destruido.
La ciudad de Kadesh tampoco fue conquistada.
Ramsés no consiguió establecer una ocupación egipcia permanente de la región.
Por su parte, Muwatalli tampoco consiguió destruir al ejército egipcio ni expulsar definitivamente a Ramsés de Siria.
El resultado, por tanto, fue esencialmente indeciso.
¿QUIÉN GANÓ EN KADESH?
La pregunta sobre quién ganó la batalla de Kadesh ha generado debate desde la Antigüedad.
Si se toma exclusivamente la propaganda egipcia, la respuesta sería evidente: Ramsés obtuvo una victoria extraordinaria. Pero cuando se compara ese relato con el resultado estratégico posterior, la interpretación cambia.
Ramsés sobrevivió a una situación extremadamente peligrosa y consiguió salvar su ejército. Eso puede considerarse un éxito militar desde el punto de vista egipcio.
Pero su objetivo principal era recuperar Kadesh y reforzar la posición egipcia en Siria. Eso no se consiguió.
Muwatalli, en cambio, logró mantener Kadesh bajo control hitita. Desde esta perspectiva, los hititas consiguieron uno de sus principales objetivos.
Pero tampoco obtuvieron una victoria decisiva. Ramsés regresó a Egipto con su ejército y continuó gobernando durante décadas.
Por ello, resulta más apropiado hablar de una batalla sin vencedor decisivo que de una victoria absoluta de cualquiera de los dos contendientes.
La propaganda convirtió una situación militar compleja en una historia mucho más sencilla: Ramsés, el faraón victorioso, derrotando a sus enemigos gracias a su valor y al favor divino.
EL POEMA DE PENTAUR
La principal fuente literaria egipcia sobre Kadesh es el conocido como Poema de Pentaur. Su nombre procede del escriba que aparece asociado a una de sus versiones.
El texto describe la campaña y presenta a Ramsés como protagonista de una hazaña extraordinaria.
El faraón aparece enfrentándose a los enemigos mientras sus propias tropas se encuentran en una situación crítica. Ramsés invoca a Amón y afirma su confianza en la protección divina.
El relato es extraordinariamente importante para comprender la mentalidad política del Egipto faraónico.
No se trata simplemente de una crónica militar. Es una obra destinada a demostrar que el faraón era un guerrero excepcional y que los dioses habían protegido a Egipto.
El texto fue reproducido en diferentes monumentos, lo que demuestra el interés de Ramsés por mantener viva la memoria de la batalla.
Las representaciones de Kadesh aparecen en lugares como Karnak, Luxor, el Ramesseum y Abu Simbel.
La repetición de la escena revela la importancia que Ramsés concedió al acontecimiento.
LA PROPAGANDA DE RAMSÉS
Ramsés II comprendió perfectamente el poder político de la memoria.
Una batalla de resultado ambiguo podía convertirse mediante la propaganda en una victoria gloriosa. El faraón podía presentarse como el monarca que había derrotado personalmente a los enemigos de Egipto.
Esta estrategia no era excepcional en el mundo antiguo. Los monarcas de Mesopotamia, Anatolia y Egipto utilizaban inscripciones monumentales para presentar sus campañas militares de la manera más favorable posible.
La diferencia es que en Kadesh contamos con una documentación excepcionalmente abundante.
Gracias a ella conocemos no solamente el desarrollo aproximado de la batalla, sino también cómo el poder faraónico quería que las generaciones posteriores recordasen el acontecimiento.
Kadesh constituye, por ello, un ejemplo extraordinario de propaganda de Estado.
LAS ARMAS DE LA EDAD DEL BRONCE
La batalla también permite conocer las características de la guerra durante la Edad del Bronce Final.
Los carros constituían uno de los elementos esenciales de los ejércitos de las grandes potencias. Su utilización requería una compleja infraestructura.
Era necesario disponer de caballos, carros, arqueros, conductores especializados y personal encargado del mantenimiento de los animales y vehículos.
Los carros permitían una elevada movilidad y podían utilizarse para lanzar ataques rápidos contra las formaciones enemigas.
La infantería seguía siendo fundamental. Los carros por sí solos no podían ocupar y mantener territorios. Una vez desorganizado el enemigo, la infantería podía consolidar las posiciones conquistadas.
El ejército egipcio combinaba ambos elementos.
La batalla demuestra también la importancia de la logística. Llevar un ejército desde Egipto hasta Siria suponía recorrer cientos de kilómetros y garantizar el suministro de agua, alimentos, armas y animales.
La capacidad de movilizar semejante fuerza era en sí misma una demostración del poder del Estado.
KADESH Y LA GEOPOLÍTICA DEL PRÓXIMO ORIENTE
La importancia de Kadesh no puede separarse del sistema internacional del Próximo Oriente.
Egipto y Hatti no eran dos Estados aislados. Mantenían relaciones con numerosas entidades políticas que podían cambiar de alianza según las circunstancias.
Los pequeños reinos sirios tenían un margen de maniobra limitado. Reconocer la autoridad egipcia podía garantizar protección frente a otros enemigos, mientras que aceptar la soberanía hitita podía proporcionar apoyo militar y acceso a las redes políticas de Anatolia.
Las grandes potencias competían, por tanto, por construir redes de dependencia.
Kadesh era importante precisamente porque se encontraba en uno de esos espacios de transición.
La batalla fue una expresión militar de una competición geopolítica mucho más amplia.
DESPUÉS DE KADESH
La guerra no terminó con la batalla.
Ramsés no abandonó sus aspiraciones en Siria y continuó realizando campañas militares durante su largo reinado.
Sin embargo, el equilibrio de poder había quedado demostrado. Egipto no podía destruir fácilmente el Imperio hitita, y Hatti tampoco podía eliminar la influencia egipcia en el sur de Siria.
La situación favorecía progresivamente una solución diplomática.
Mientras tanto, el Imperio hitita atravesaba sus propios problemas políticos y estratégicos. Muwatalli II murió posteriormente y fue sucedido por otros gobernantes, hasta que Hattusili III alcanzó una posición central en la política hitita.
Hattusili comprendió que mantener un conflicto permanente con Egipto no era necesariamente beneficioso.
Egipto también tenía razones para buscar estabilidad.
El resultado fue una transformación de la relación entre ambas potencias.
EL TRATADO DE PAZ EGIPCIO-HITITA
Hacia 1259 a. C., aproximadamente quince años después de Kadesh, Egipto y Hatti alcanzaron un acuerdo de paz.
El tratado fue establecido entre Ramsés II y Hattusili III y constituye uno de los documentos diplomáticos más importantes conservados de la Antigüedad.
No fue simplemente una declaración simbólica. El acuerdo establecía compromisos concretos entre ambas potencias.
Ambos Estados se comprometían a mantener relaciones pacíficas y a prestarse ayuda frente a determinados enemigos. También se establecían disposiciones relativas a la devolución de fugitivos y otros asuntos diplomáticos.
El tratado se redactó en lengua acadia, la lengua diplomática internacional de la época, y una versión fue enviada desde Hatti a Egipto.
En Egipto, el acuerdo fue posteriormente reproducido en jeroglíficos.
Su existencia demuestra el extraordinario nivel alcanzado por la diplomacia internacional durante la Edad del Bronce Final.
UNO DE LOS PRIMEROS TRATADOS DE PAZ CONSERVADOS
El tratado egipcio-hitita suele ser considerado uno de los tratados de paz más antiguos conocidos de la historia.
Su importancia no reside únicamente en su antigüedad. El documento muestra que las relaciones internacionales del Próximo Oriente estaban reguladas mediante fórmulas diplomáticas complejas.
Las grandes potencias podían pasar de la guerra a la negociación y establecer mecanismos destinados a evitar nuevos conflictos.
Kadesh había demostrado los límites de la solución militar.
La diplomacia ofrecía ahora una alternativa.
EL MATRIMONIO DIPLOMÁTICO
La nueva relación entre Egipto y Hatti llegó incluso al ámbito matrimonial.
Ramsés II contrajo matrimonio con una princesa hitita, hija de Hattusili III. Este tipo de matrimonios no debe entenderse únicamente como una cuestión personal.
En las monarquías del Próximo Oriente, los matrimonios dinásticos eran instrumentos políticos.
La unión entre Ramsés y una princesa hitita simbolizaba la nueva relación entre dos antiguos enemigos.
La guerra había sido sustituida por una política de cooperación entre dos grandes potencias que habían comprendido que ninguna podía imponerse fácilmente sobre la otra.
LA VERDADERA IMPORTANCIA HISTÓRICA DE KADESH
Kadesh fue mucho más que una batalla entre Ramsés II y Muwatalli II.
Representó uno de los momentos culminantes de la rivalidad entre Egipto y Hatti por el control de Siria.
También fue una demostración de la importancia de la inteligencia militar, la movilidad, los carros de guerra y la logística en los grandes conflictos de la Edad del Bronce.
Pero quizá su mayor importancia histórica se encuentre en la relación entre guerra y diplomacia.
La batalla no produjo un vencedor claro. En lugar de resolver definitivamente la rivalidad entre Egipto y Hatti, mostró los límites de la guerra.
La solución llegó finalmente mediante la negociación.
El tratado posterior demuestra que las grandes potencias podían pasar de enfrentarse militarmente a construir un sistema de equilibrio basado en acuerdos.
Kadesh constituye, por tanto, un ejemplo temprano de cómo la política internacional no dependía únicamente de las victorias en el campo de batalla.
ENTRE LA HISTORIA Y LA PROPAGANDA
La imagen de Ramsés II como gran vencedor de Kadesh ha sobrevivido durante milenios.
Los templos egipcios todavía muestran al faraón disparando su arco desde el carro mientras los enemigos caen ante él.
Sin embargo, el historiador debe distinguir entre la memoria construida por el poder y los acontecimientos que probablemente tuvieron lugar.
Ramsés no conquistó Kadesh.
El ejército hitita no fue destruido.
Muwatalli no fue derrotado de manera definitiva.
Pero Ramsés tampoco sufrió la catástrofe que la emboscada inicial podía haber provocado.
Su capacidad para reorganizar las fuerzas egipcias y evitar una derrota completa fue significativa.
La batalla fue, por tanto, una situación mucho más compleja que la simple victoria que describen las inscripciones.
UNA BATALLA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
La batalla de Kadesh ocupa un lugar privilegiado en la historia militar porque permite contemplar, con una documentación excepcional, el funcionamiento de los ejércitos de una de las grandes épocas de la Edad del Bronce.
Pero su trascendencia es todavía mayor por sus consecuencias políticas.
Egipto y Hatti continuaron siendo rivales, pero finalmente encontraron un punto de equilibrio.
La paz permitió a ambas potencias concentrarse en sus propios problemas y mantener relaciones diplomáticas estables.
Siglos después, Kadesh seguiría siendo recordada principalmente por las monumentales representaciones de Ramsés II. El faraón consiguió transformar un resultado militar ambiguo en uno de los grandes triunfos propagandísticos de la historia de Egipto.
Y precisamente ahí reside una de las grandes paradojas del acontecimiento.
La batalla que Ramsés presentó como una victoria absoluta terminó contribuyendo, dentro de un proceso más amplio, a demostrar que ninguna de las dos grandes potencias podía imponerse definitivamente sobre la otra.
La guerra llevó a la negociación.
La rivalidad condujo al tratado.
Y el enfrentamiento entre Ramsés II y Muwatalli II terminó formando parte de la historia de una de las primeras grandes experiencias conocidas de diplomacia internacional.
Kadesh fue, en definitiva, una batalla por Siria, una confrontación entre dos imperios y un extraordinario ejemplo de propaganda política. Pero también fue el antecedente de una paz que demuestra que, en el mundo antiguo, la fuerza militar y la diplomacia no eran realidades opuestas, sino instrumentos complementarios del poder.
Más de tres mil años después, la imagen de Ramsés II combatiendo en Kadesh continúa siendo una de las representaciones militares más famosas del mundo antiguo. Sin embargo, detrás del faraón victorioso de los relieves se encuentra una realidad histórica mucho más interesante: dos grandes imperios enfrentados por el control del Próximo Oriente, un ejército sorprendido por una emboscada, una batalla sin vencedor decisivo y, finalmente, un acuerdo diplomático que permitió sustituir la guerra por un equilibrio entre potencias.
Kadesh no fue solamente la gran batalla de Ramsés II. Fue también una de las grandes lecciones políticas de la Edad del Bronce: cuando ninguna potencia puede destruir a su adversario, la paz puede convertirse en la mayor de las victorias.
JOSÉ ANTONIO OLMOS GRACIA
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