GERMANOS EN HISPANIA






 El Imperio Romano de Occidente se desmorona a principios del siglo V, varias tribus, la mayoría germánicas, penetran los limes del Imperio en busca de nuevos asentamientos. Las causas que provocaron tales migraciones son aún varias y discutidas: La principal fue la llegada de los Hunos desde las estepas, podríamos decir que fueron algo así como los “proto Mongoles” salvando las diferencias claro está, y los 800 años de diferencia. Otras causas pudieron ser la superpoblación, el agotamiento de zonas de cultivo, o la búsqueda de mejores climas.


 España, o lo que entonces era Hispania, tampoco se libró, y a partir de 409, suevos y vándalos, junto con Alanos (estos de procedencia irania) traspasan los Pirineos y se asientan en diferentes zonas de la península. Estas tribus se asientan como clase política guerrera, ya que, en comparación con la población Hispano-Romana, representaban una minoría. Sólo la provincia de la Tarraconense quedaría bajo dominio efectivo Romano, por lo que, en el año 416, el emperador Honorio, manda a los Visigodos en calidad de foederati (aliados) a recuperar el control de Hispania. Tras derrotar  Alanos y Vándalos, Honorio los recolocados en la zona de la Aquitania (Francia), momento aprovechado por los Suevos para expandirse, tomando como capital la actual Mérida. Los Vándalos, a pesar de derrotar a estos Suevos en Mérida, pasarán a África por el estrecho, hasta llegar a la antigua Cartago, donde terminarían asentándose. Por último los Alanos, ocuparían la zona central de la península, pero estos acabarían fundiéndose con la población local. Así pues, Honorio recuperaba de algún modo el poder sobre parte de la península. 

Pero en el 438, el rey Suevo Requila, aprovecha la debilidad Romana para expandir su reino, invadiendo la Carthaginense, Baética y Tarraconense, llegando hasta las actuales Zaragoza y Lérida. Esto obligó a Roma a volver a echar mano de los Visigodos, y en el año 456, el Rey Teodorico II, captura al rey suevo Requiario, hijo de Requila. Con esto los suevos se retirarían a sus asentamientos iniciales en Galicia, norte de Portugal y parte de Burgos y León, donde durarían hasta el siglo VI. El resto de la península sería asimilado por los Visigodos, que formarían el Reino de Tolosa, al tener la capital en esta ciudad de Francia, hasta ser desalojados por los Francos en el 507 en la batalla de Vouillé, quedando solo con los territorios de Narbona y la Septimania, que también perderían más adelante. A partir de este momento, las invasiones por el norte de la península se estabilizan. En el año 533 llegaran nuevos invasores por el Mediterráneo, pero estos no serán pueblos bárbaros, si no los Bizantinos del Imperio Romano de Oriente, que bajo el emperador Justiniano I invaden el sur de Hispania en un intento de reconstrucción del Imperio Romano, aunque en el 625 fueron expulsados definitivamente.

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